Parte 2: ESTA VEZ ELEGÍ IRME

A la mañana siguiente, Margaret llegó antes de las ocho.

No preguntó por Ethan.

Solo trajo desayuno y una bufanda porque sabía que yo siempre tenía frío después de los análisis.

En el coche me tomó la mano.

—¿Estás segura?

Miré por la ventana.

—Sí.

—Entonces no mires atrás.

Aquellas palabras, viniendo de la madre de Ethan, terminaron de cerrar algo dentro de mí.

En el hospital, el médico revisó al bebé.

Todo estaba bien.

Cuando escuché los latidos, sentí que el pecho se me aflojaba.

Margaret lloró.

Yo sonreí.

—Este niño merece nacer en una casa tranquila.

—Y tú también mereces vivir en una.

Al salir, nos encontramos con Sophie.

Otra vez.

Solo que esta vez no estaba sola.

Ethan estaba a su lado.

Sostenía su bolso.

Cuando me vio junto a su madre, frunció el ceño.

—¿Qué hacen juntas?

Margaret soltó mi mano y caminó hacia él.

Le dio una bofetada.

El sonido resonó en el pasillo.

Ethan quedó inmóvil.

—Mamá.

—No me llames así ahora.

Sophie retrocedió.

Margaret la miró.

—¿También estás embarazada?

El silencio respondió.

Sentí un peso extraño en el estómago.

No sorpresa.

Solo cansancio.

Ethan intentó intervenir.

—No es lo que parece.

—Entonces dime qué parece —respondí.

Sophie bajó la cabeza.

—Estoy de once semanas.

Margaret cerró los ojos.

Yo estaba de casi cinco meses.

Durante parte de mi embarazo, Ethan ya estaba esperando otro hijo con ella.

—Perfecto —dije.

Ethan me miró.

—¿Perfecto?

—Nos ahorrará discusiones.

Saqué una carpeta del bolso.

—El acuerdo de divorcio.

Su expresión cambió.

—¿De verdad vas a hacer esto?

—Sí.

—Por una aventura.

Margaret soltó una risa incrédula.

—¿Una?

Ethan ignoró a su madre.

—Tenemos doce años juntos.

—Lo sé.

—Tenemos un hijo.

—También lo sé.

—Y estás embarazada.

—Precisamente.

Lo miré directamente.

—No quiero que este bebé aprenda lo mismo que Jason.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver Jason?

No respondí.

Porque justo entonces apareció mi hijo al final del pasillo.

La empleada doméstica lo había llevado porque quería ver a su abuela.

Jason vio a Sophie.

Sonrió.

—Tía Sophie.

Después vio a Ethan.

—Papá, ¿me compraste la computadora?

El rostro de Margaret se endureció.

Jason tardó unos segundos en notar el ambiente.

—¿Qué pasa?

Me agaché frente a él.

—Jason, papá y yo vamos a divorciarnos.

Su sonrisa desapareció.

—No.

—Sí.

Miró a Ethan.

—Papá.

Ethan avanzó.

—Tu madre está enfadada. Ya se le pasará.

Me levanté.

—No le mientas.

Jason me miró.

—Pero siempre se te pasa.

Aquella frase dolió más de lo que esperaba.

—Esta vez no.

Su rostro empezó a cambiar.

—¿Y yo?

—Tú seguirás siendo nuestro hijo.

—¿Voy a vivir contigo?

Respiré.

—Eso tendrá que decidirse de la manera correcta.

Jason frunció el ceño.

—Pero papá me deja hacer más cosas.

Ethan casi sonrió.

—¿Ves?

Margaret se volvió hacia él.

—¿De verdad estás orgulloso?

Él calló.

Jason me miró con una mezcla de miedo y desafío.

—Entonces quiero vivir con papá.

El pasillo quedó en silencio.

Mi corazón se partió.

Pero no lo presioné.

—Entiendo.

Jason pareció desconcertado.

Probablemente esperaba que suplicara.

—¿No vas a decir nada?

—Solo que te quiero.

Me arrodillé otra vez.

—Y que cuando seas mayor quizá entiendas algunas cosas que ahora no puedes entender.

Él apartó la mirada.

—Papá no me obliga a estudiar todo el tiempo.

—Lo sé.

—Sophie tampoco.

Sophie se tensó.

—Jason…

—Ella es divertida.

Asentí lentamente.

—Entonces espero que también sepan estar cuando las cosas no sean divertidas.

Me levanté.

Y por primera vez no intenté competir por el cariño de mi propio hijo.

No porque hubiera dejado de amarlo.

Sino porque comprendí que amarlo no significaba permitir que me utilizara como la opción segura mientras admiraba a quienes nunca asumían ninguna responsabilidad.


Tres días después, Ethan recibió la notificación formal del divorcio.

También recibió otra.

Margaret había convocado una reunión extraordinaria del consejo familiar.

Ethan llegó furioso.

—¿Qué estás haciendo?

Su madre permaneció detrás del escritorio.

—Corrigiendo errores.

—¿Qué errores?

Margaret colocó varios documentos frente a él.

—Durante años te transferí participaciones porque confiaba en que cuidarías de tu familia.

—Son mías.

—Algunas.

Pasó una página.

—Otras estaban condicionadas.

Ethan palideció.

—¿Condicionadas a qué?

—A que no utilizaras fondos familiares para mantener relaciones extramatrimoniales.

Sophie, sentada detrás, dejó de respirar.

Yo tampoco conocía aquella cláusula.

Margaret me miró.

—Mi esposo la incluyó antes de morir.

Ethan golpeó la mesa.

—¡Esto es ridículo!

—No.

Margaret abrió un informe.

—Ridículo es pagar el apartamento de Sophie, sus viajes y sus tarjetas con dinero de Xia Holdings.

Ethan se quedó blanco.

—¿Investigaste mis cuentas?

—Tú obligaste a que lo hiciera.

El abogado del grupo intervino.

—Si se confirma el uso indebido, parte de sus participaciones volverá al fideicomiso.

—¿Y quién controla el fideicomiso?

Margaret respondió con calma.

—Yo.

Después me miró.

—Y cuando muera, mis nietos.

Ethan entendió.

—¿Vas a darle dinero a ella?

—No.

Margaret negó.

—Voy a proteger a mis nietos de ti.

Sophie se levantó.

—Ethan, dijiste que todo estaba a tu nombre.

Él la fulminó.

—Ahora no.

—Me dijiste que después del divorcio…

Se calló demasiado tarde.

Yo levanté la vista.

—¿Después del divorcio qué?

Sophie palideció.

Ethan respondió rápidamente.

—Nada.

Pero Margaret ya había visto la expresión de la joven.

—Habla.

Sophie empezó a temblar.

—Él dijo que después del divorcio vendería una propiedad y pondría parte del dinero a nombre del bebé.

—¿Qué propiedad? —pregunté.

Ethan permaneció callado.

El abogado revisó unas hojas.

Y entonces frunció el ceño.

—Hay una solicitud pendiente.

—¿Para qué?

—Venta de la casa del lago.

Mi respiración se detuvo.

Aquella propiedad no era de Ethan.

La había comprado Margaret años atrás.

Y posteriormente la había colocado en un fideicomiso para Jason y para cualquier otro hijo nacido de nuestro matrimonio.

—¿Cómo solicitó venderla? —preguntó Margaret.

El abogado siguió leyendo.

Su expresión cambió.

—Con autorización de ambos tutores.

Lo miré.

—Yo nunca firmé nada.

Silencio.

El abogado giró el documento hacia nosotros.

Allí estaba mi nombre.

Mi firma.

Falsa.

Margaret levantó lentamente la mirada hacia su hijo.

—Ethan.

Él ya no parecía enfadado.

Parecía asustado.

—Yo puedo explicarlo.

—Más te vale.

Pero entonces el abogado encontró otra hoja.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—La solicitud no beneficia directamente a Sophie.

Ethan cerró los ojos.

—Cállate.

Demasiado tarde.

—El beneficiario final es Jason Xia.

Miré a mi hijo, que esperaba fuera con la empleada.

—¿Jason?

El abogado asintió.

—La venta iba a financiar una cuenta bajo su nombre.

Durante un segundo no entendí.

Después recordé la conversación.

La computadora.

Los regalos.

Los secretos.

Mi hijo ayudando a su padre.

Margaret comprendió lo mismo.

—Ethan… ¿estás utilizando al niño para mover patrimonio?

—¡No!

—Entonces ¿por qué aparece su nombre?

Ethan no respondió.

Y fue Sophie quien susurró:

—Porque Jason sabe mucho más de lo que ella cree.

Me volví hacia ella.

—¿Qué significa eso?

Sophie se tapó la boca.

Ethan dio un paso hacia ella.

—No digas nada.

Margaret golpeó la mesa.

—¡Habla!

Sophie empezó a llorar.

—Jason encontró documentos hace meses.

Sentí frío.

—¿Qué documentos?

Ella miró hacia la puerta.

Mi hijo estaba allí.

Ya no sonreía.

Jason apretaba algo contra el pecho.

Una carpeta azul.

—Mamá —dijo en voz baja—, papá me dijo que nunca te la enseñara.

Todo mi cuerpo se tensó.

—¿Qué hay dentro?

Jason miró a Ethan.

Después a mí.

Y por primera vez eligió caminar hacia mi lado.

Me entregó la carpeta.

La abrí.

En la primera página estaba mi nombre.

En la segunda, el de Sophie.

Y en la tercera aparecía un informe médico fechado mucho antes de su embarazo.

Leí una sola línea.

Luego otra.

Y levanté la mirada hacia Ethan.

Sophie no era la primera mujer con la que había intentado tener un hijo fuera de nuestro matrimonio.

Había al menos dos embarazos anteriores.

Uno de ellos había llegado a término.

Y según el certificado adjunto, Jason tenía un medio hermano de ocho años al que Ethan llevaba años manteniendo en secreto.

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