PARTE 2: ZHANG JIANYE CREYÓ QUE EL DIVORCIO ME HABÍA DEJADO SIN CASA NI DEFENSA, PERO NO SABÍA QUE MI PADRE HABÍA PREPARADO DURANTE AÑOS EL DOCUMENTO QUE PODÍA DESTRUIR SU PLAN Y REVELAR QUIÉN ERA REALMENTE ZHAO MAN.

Me quedé sentada en el salón hasta que el cielo empezó a oscurecer.

A las seis y veinte, Zhang Jianye abrió la puerta cargando dos bolsas del mercado.

—Nianchu, compré pescado fresco.

Su tono era exactamente el mismo de siempre.

Cálido.

Paciente.

Como si aquella mañana no nos hubiéramos divorciado.

Como si no estuviera preparando una casa para otra mujer y otro hijo.

Entró en la cocina, se puso el delantal y comenzó a cortar verduras.

Yo lo observé desde el sofá.

Durante cinco años había confundido aquellos gestos con amor.

Ahora comprendía que una persona podía cocinarte la cena mientras calculaba cuánto valía traicionarte.

—Jianye.

—¿Sí?

—¿Cuándo transferiremos la casa?

El cuchillo se detuvo durante una fracción de segundo.

—Cuanto antes mejor. Mañana, si es posible.

—Qué rápido.

Él soltó una risa.

—Cuanto antes solucionemos esto, antes podremos volver a casarnos.

—Claro.

Continuó cortando.

—Zhao Man conoce a alguien en la oficina inmobiliaria. Nos facilitará los trámites.

—Qué considerada.

—Siempre ha sido así.

Lo dijo sin ninguna vergüenza.

Saqué discretamente el documento que Fang Yuan me había entregado y volví a leer la cláusula más importante.

Mi padre había establecido años atrás que la vivienda de la calle Xuefu no podía venderse, hipotecarse ni transferirse válidamente sin cumplir una condición adicional registrada mediante escritura notarial.

Cualquier transmisión realizada durante los diez años posteriores a su fallecimiento necesitaba la autorización conjunta de un administrador fiduciario designado por él.

Ese administrador era el señor Zhou.

Zhang Jianye no sabía nada.

Yo tampoco lo había sabido hasta aquella mañana.

Mi padre había construido una segunda cerradura alrededor de la casa y nunca me había entregado la llave porque esperaba que jamás necesitara utilizarla.

Guardé el documento.

—Mañana iré contigo.

Jianye se giró.

—¿A la transferencia?

—Sí.

Su sonrisa regresó.

—Perfecto.

Después de cenar, se duchó y salió al balcón para hacer una llamada.

No intenté acercarme.

Ya sabía con quién hablaba.

En cambio, entré en el dormitorio y llamé al número escrito en la tarjeta.

Contestaron después de cuatro tonos.

—¿Quién es?

La voz era anciana, pero firme.

—Soy Lin Nianchu.

Hubo silencio.

Entonces el hombre suspiró.

—Finalmente has llamado.

Sentí un escalofrío.

—¿Es usted el señor Zhou?

—Sí.

—Mi padre dejó un documento…

—Lo sé.

—Necesito entender qué está pasando.

El señor Zhou tardó varios segundos en responder.

—Mañana a las ocho. Hotel Ronghua, salón de té del tercer piso.

—¿Por qué allí?

—Porque Zhang Jianye no debe saber que nos reunimos.

Antes de que pudiera preguntar más, añadió:

—Nianchu, no firmes mañana ningún documento adicional, aunque te diga que es simplemente un formulario administrativo.

Miré hacia el balcón.

Jianye seguía hablando.

—¿Por qué?

—Porque ya intentó utilizar tu firma una vez.

La llamada terminó.

No dormí en toda la noche.


A las ocho en punto estaba en el Hotel Ronghua.

El señor Zhou parecía exactamente como lo recordaba.

Cabello blanco.

Chaqueta sencilla.

El mismo termo metálico que llevaba cuando visitaba a mi padre.

Pero el coche viejo había desaparecido.

Dos hombres de traje lo esperaban discretamente cerca del ascensor.

Me senté frente a él.

—Señor Zhou.

Me sirvió té.

—Te pareces mucho a tu padre cuando estás enfadada.

—¿Qué descubrió sobre Zhang Jianye?

Él abrió una carpeta.

—No lo descubrí yo. Tu padre.

La primera página era un informe de hacía casi siete años.

Antes de que Jianye y yo nos casáramos.

Aparecía su nombre.

También el de Zhao Man.

Mis dedos se quedaron inmóviles.

—Aquí dice que vivieron juntos.

—Durante casi tres años.

Lo miré.

—Me dijo que era su prima.

—Nunca lo fue.

Aunque ya lo sospechaba, escuchar aquellas palabras me produjo una sensación fría en el pecho.

El señor Zhou pasó otra página.

Había fotografías.

Jianye y Zhao Man saliendo juntos de un edificio.

Celebrando un cumpleaños.

Tomados de la mano.

La última imagen era de seis meses antes de que él me conociera.

—¿Por qué terminaron?

—No terminaron.

Levanté la cabeza.

El señor Zhou sostuvo mi mirada.

Zhang Jianye comenzó a cortejarte mientras todavía mantenía una relación con Zhao Man.

—Entonces ¿por qué ella aceptó desaparecer?

—Porque tu familia tenía algo que ellos necesitaban.

Miró la carpeta.

—La vivienda.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Me está diciendo que se casó conmigo por esta casa?

—Tu padre lo sospechaba.

—¿Y por qué nunca me lo dijo?

—Porque no tenía pruebas suficientes. Y porque tú estabas enamorada.

Aquello dolió más de lo que esperaba.

El señor Zhou continuó:

—Después de vuestra boda, Zhao Man se mudó durante un tiempo a otra provincia. Pero regresó hace aproximadamente dos años.

Dos años.

Justo cuando Zhang Jianye comenzó a decir que la empresa estaba creciendo.

Justo cuando empezó a llegar tarde con frecuencia.

—¿La empresa realmente tiene deudas?

—Sí.

—Entonces al menos eso era verdad.

—No exactamente.

Colocó ante mí un informe financiero.

—La empresa debe aproximadamente tres millones cuatrocientos mil yuanes.

—Eso coincide con lo que me dijo.

—Pero Zhang Jianye retiró personalmente dos millones ochocientos mil durante los últimos dieciocho meses.

Sentí que algo encajaba.

—¿Adónde fueron?

—A tres cuentas.

Una pertenecía a Zhao Man.

Otra a una empresa registrada a nombre de su hermano.

Y la tercera…

El señor Zhou me entregó la página.

Era una cuenta vinculada a una promotora inmobiliaria.

—¿Qué compró?

—Un apartamento de lujo en la zona este.

Recordé los 5.800 yuanes mensuales.

—Pensé que lo alquilaba.

—Ese pago no es alquiler.

El señor Zhou señaló una anotación.

—Es la cuota mensual de un préstamo.

Entonces comprendí.

Zhang Jianye estaba pagando una vivienda para Zhao Man con dinero retirado de su propia empresa.

Después quería utilizar mi casa para cubrir el agujero que él mismo había creado.

—¿Y el niño?

El señor Zhou cerró la carpeta.

—Eso tendrás que preguntárselo a ellos.

No insistí.

Ya no necesitaba hacerlo.

—Usted dijo anoche que había intentado utilizar mi firma.

Por primera vez su expresión se volvió especialmente grave.

Sacó una copia de una solicitud.

Era un formulario de autorización preliminar para modificar datos registrales.

Al pie había una firma.

La mía.

Pero yo nunca había firmado aquel documento.

—¿Cuándo se presentó esto?

—Hace tres semanas.

—Antes de que me pidiera el divorcio.

—Sí.

Sentí un escalofrío.

—Entonces el divorcio ficticio nunca fue su primer plan.

—No.

El señor Zhou bebió un sorbo de té.

Primero intentó quedarse con la casa sin divorciarse de ti.


A las nueve menos diez llegué a la oficina inmobiliaria.

Zhang Jianye ya estaba allí.

Zhao Man también.

Cuando me vio, ella se acarició inconscientemente el vientre.

Jianye sonrió.

—Llegas justo a tiempo.

Un empleado nos condujo hasta una mesa.

—Necesitamos las identificaciones, el certificado de divorcio y el acuerdo.

Jianye entregó todo.

Yo permanecí en silencio.

El empleado introdujo los datos.

Un minuto después, frunció el ceño.

Volvió a escribir.

Después llamó a un supervisor.

Jianye empezó a inquietarse.

—¿Hay algún problema?

El supervisor observó la pantalla.

—Esta propiedad tiene una restricción notarial registrada.

La sonrisa de Jianye desapareció.

—¿Qué restricción?

—La transferencia requiere autorización de un tercero.

Zhao Man me miró.

Yo mantuve una expresión tranquila.

—¿De quién?

El supervisor pronunció un nombre.

—Zhou Guoming.

Jianye se quedó completamente inmóvil.

Por primera vez desde que había comenzado su plan, vi auténtico miedo en sus ojos.

—Eso debe ser un error.

—No lo es.

—La propietaria está aquí. Ella acepta transferirla.

—No basta.

Zhao Man perdió la paciencia.

—¿Entonces para qué nos divorciamos?

El silencio cayó sobre la mesa.

Ella se dio cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir.

La miré.

—Buena pregunta.

Jianye le lanzó una mirada feroz.

—Cállate.

Después se volvió hacia mí.

—Nianchu, sal conmigo un momento.

—No.

—Tenemos que hablar.

—Podemos hablar aquí.

Su rostro se endureció.

—¿Tú sabías lo de esta restricción?

Lo miré directamente.

—Desde ayer.

El color se le fue de la cara.

—¿Ayer?

—Después de nuestro divorcio.

Zhao Man apretó los labios.

—Entonces nos engañaste.

Casi me reí.

—¿Yo os engañé?

Saqué lentamente una copia del informe que me había entregado el señor Zhou.

La puse sobre la mesa.

La fotografía superior mostraba a Jianye abrazando a Zhao Man siete años atrás.

—¿Quieres que hablemos de engaños?

Zhang Jianye dejó de respirar.

Zhao Man se puso pálida.

—¿De dónde sacaste eso?

—¿Importa?

Jianye intentó recuperar la calma.

—Nianchu, puedo explicarlo.

—Estoy segura.

Saqué otra hoja.

La cuenta bancaria de Zhao Man.

Las transferencias.

El apartamento.

Las compras infantiles.

La prueba del hospital.

Los puse uno a uno frente a ellos.

—Puedes empezar explicándome por qué tu empresa está endeudada después de que retiraras casi tres millones.

Después miré a Zhao Man.

—Y quizá ella pueda explicarme por qué el supuesto hijo de mi exmarido necesita una casa dentro del distrito escolar que mis padres compraron para mis futuros hijos.

Zhao Man se levantó de golpe.

—Jianye, dijiste que ella no sabía nada.

Él agarró su brazo.

—Siéntate.

—¡Me dijiste que estaba todo preparado!

Las personas de las mesas cercanas comenzaron a mirar.

Zhang Jianye bajó la voz.

—Nianchu, vámonos a casa. Podemos resolverlo.

—Ya no tenemos una casa.

—¿Qué quieres decir?

—Nos divorciamos ayer.

Lo miré.

—Tú mismo insististe.

Su rostro cambió por completo.

Por fin entendió el error.

Había conseguido exactamente lo que quería.

Ya no era mi marido.

Y sin la casa, no había obtenido nada a cambio.

Mi teléfono vibró.

Era Fang Yuan.

Contesté.

—Señorita Lin, encontramos el expediente original relacionado con la solicitud falsificada.

Miré a Jianye.

—¿Y?

—Hay cámaras de seguridad.

—¿Se ve quién presentó el documento?

Hubo una pausa.

—Sí.

—¿Zhang Jianye?

—No.

Fruncí el ceño.

—Entonces ¿quién?

La respuesta me dejó fría.

Zhao Man no actuó sola, y la otra persona tampoco es Zhang Jianye.

Giré lentamente hacia ellos.

Zhao Man había escuchado lo suficiente.

Su rostro quedó blanco.

Entonces el abogado Fang añadió:

—Señorita Lin, venga directamente a mi despacho. Y no avise a nadie.

—¿Por qué?

Su voz bajó.

—Porque la tercera persona que aparece entregando la documentación falsificada es alguien que conocía perfectamente las disposiciones secretas que dejó su padre.

Mi mano se tensó alrededor del teléfono.

Solo un puñado de personas podían haber sabido aquello.

—¿Quién es?

Fang Yuan respiró hondo.

Alguien que estuvo junto a su padre el día que firmó el documento destinado a protegerla de Zhang Jianye.

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