Parte 2: LA EMPRESA FANTASMA QUE ESCONDÍA SU HERENCIA Y EL DOCUMENTO QUE SEBASTIÁN JAMÁS PENSÓ QUE ELLA DESCUBRIRÍA

Valeria permaneció inmóvil frente a la pantalla durante varios minutos.

La fotografía de Ivana Paredes seguía abierta.

La misma sonrisa impecable.

El mismo apellido que aparecía como representante legal de Horizonte Norte S.A.P.I.

No era una coincidencia.

Su experiencia como analista de riesgos le decía que cuando una empresa nacía el mismo mes en que comenzaban transferencias constantes desde una cuenta conjunta, alguien estaba construyendo algo que no quería que fuera visto.

Tomó aire y llamó a Lucía.

—Encontré algo.

—¿Qué tan grave?

—Ochenta y nueve mil dólares salieron de nuestra cuenta hacia una empresa creada hace catorce meses.

Del otro lado hubo un breve silencio.

—¿Quién aparece como representante?

—Ivana Paredes.

Lucía soltó una exhalación lenta.

—No vuelvas a entrar a esa cuenta desde el hotel. Descarga todo y guarda copias. Si él detecta que revisaste los movimientos, intentará borrar rastros.

Valeria ya estaba creando tres respaldos distintos.

Uno en un disco duro.

Otro en una memoria USB.

Y otro en una nube privada del banco donde trabajaba.

Mientras descargaba los estados de cuenta apareció un detalle que antes había pasado por alto.

Todas las transferencias se realizaban exactamente a las 2:17 de la madrugada.

Siempre el mismo horario.

Siempre desde el mismo dispositivo autorizado.

Aquello no parecía improvisado.

Parecía un procedimiento.

A la mañana siguiente llegó al banco como cualquier otro día.

Respondió correos.

Asistió a reuniones.

Corrigió un informe de auditoría.

Pero durante la hora de comida aprovechó para consultar discretamente la base pública del Registro Mercantil.

Horizonte Norte tenía un capital inicial ridículamente bajo.

Sin embargo, en menos de un año había adquirido dos terrenos industriales en Nuevo León.

El dinero tenía que venir de alguna parte.

Y entonces encontró otro dato.

Uno de los accionistas minoritarios era Aranda Desarrollos.

La empresa de Sebastián.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

No solo había desviado dinero.

Había conectado deliberadamente ambas compañías.

Aquella tarde recibió un mensaje inesperado.\

Era de Sebastián.

“¿Ya se te pasó el berrinche?”

Valeria observó la pantalla unos segundos.

No respondió.

Cinco minutos después llegó otro.

“Puedes volver cuando quieras. La habitación sigue siendo tuya.”

Ella sonrió con tristeza.

Durante años él creyó que podía resolver cualquier conflicto con superioridad.

Lo que ignoraba era que ella ya no estaba buscando regresar.

Estaba reconstruyendo el camino del dinero.

Esa misma noche, Lucía llegó al hotel con una carpeta.

—Conseguí algo interesante.

Sacó varias hojas impresas.

—Pedí una búsqueda más profunda sobre Horizonte Norte.

Valeria comenzó a leer.

La empresa había cambiado de domicilio fiscal tres veces en menos de un año.

También había modificado a sus administradores en dos ocasiones.

Todo era demasiado inestable para una sociedad que supuestamente manejaba inversiones millonarias.

Pero el último documento hizo que ambas levantaran la vista al mismo tiempo.

—No puede ser… —susurró Valeria.

Lucía asintió lentamente.

—Eso pensé.

En la solicitud de constitución aparecía un apartado donde debía indicarse quién autorizaba la apertura de la cuenta empresarial.

Allí figuraba un nombre.

Valeria Montemayor.

Ella sintió que el estómago se le cerraba.

—Yo jamás firmé esto.

Lucía acercó el documento.

—Lo sé.

La firma se parecía.

Pero tenía pequeños errores.

La inclinación de la “V”.

La presión del trazo final.

Detalles imperceptibles para cualquiera.

Excepto para la propia persona que escribía ese nombre desde hacía más de treinta años.

—Falsificaron mi firma…

Lucía respiró hondo.

—Y eso cambia completamente el caso.

Antes de que pudieran seguir hablando, el teléfono de Valeria comenzó a sonar.

Era un número desconocido.

Contestó.

—¿Señora Montemayor?

—Sí.

—Habla Ernesto Salinas, del área de cumplimiento del Banco Continental.

Intercambiaron una mirada.

—Necesitamos reunirnos con usted cuanto antes.

—¿Ocurrió algo?

El hombre dudó unos segundos.

—Detectamos movimientos inusuales relacionados con una empresa donde aparece registrada como socia autorizante.

Valeria cerró lentamente los ojos.

Ya sabía cuál era esa empresa.

—Horizonte Norte.

—Exactamente.

Hubo otra breve pausa.

Entonces el funcionario añadió unas palabras que hicieron que Lucía dejara de respirar por un instante.

Hace apenas dos horas intentaron retirar todo el dinero restante de esa sociedad y, curiosamente, utilizaron otra autorización firmada a nombre suyo… pero la firma es completamente distinta a la de los documentos originales.

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