Parte 2: LA ORDEN DE VENTA QUE DESMORONÓ SU PLAN Y EL DOCUMENTO NOTARIAL QUE SEBASTIÁN JAMÁS DEBIÓ FIRMAR

Alejandra permaneció en silencio unos segundos.

—Mariana, antes de poner la casa en venta necesito hacer una revisión completa del expediente sucesorio.

—Hazla.

—Si tu padre dejó otras restricciones, debemos conocerlas antes de mover cualquier documento.

Mariana miró a Renata, profundamente dormida sobre su pecho.

La bebé respiraba con esa tranquilidad que solo tienen quienes todavía no conocen la maldad de los adultos.

—Quiero terminar con esto cuanto antes.

—Lo entiendo.

Dos horas después, Mariana y Daniela llegaron al despacho donde don Ernesto había firmado su testamento años atrás.

Alejandra ya tenía varias carpetas abiertas sobre la mesa.

Escrituras.

Avalúos.

Planos.

Anexos notariales.

Mientras revisaba las últimas hojas, frunció ligeramente el ceño.

—Aquí hay algo que nunca habíamos comentado.

Mariana levantó la vista.

—¿Qué pasa?

La abogada extrajo un sobre amarillo completamente sellado.

En el frente solo podía leerse una frase escrita por el propio notario.

“Abrir únicamente si existe un conflicto sobre la propiedad.”

Daniela intercambió una mirada con su hermana.

Alejandra rompió el sello con cuidado.

Dentro había una carta firmada por don Ernesto.

Mariana reconoció inmediatamente la letra de su padre.

“Hija, si estás leyendo esto, significa que alguien intentó convencerte de que esta casa le pertenece más que a ti.”

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

Alejandra siguió leyendo en voz alta.

“Conozco demasiado bien el mundo de los negocios. Hay personas que no buscan construir patrimonio; buscan apropiarse del ajeno.”

Mariana bajó lentamente la cabeza.

Era como si su padre hubiera previsto exactamente aquel momento.

La carta terminaba con una instrucción muy concreta.

“Entrega el segundo sobre al licenciado Robles.”

Alejandra abrió otro compartimento oculto dentro de la carpeta.

Esta vez apareció un documento notarial.

Lo leyó durante varios segundos antes de sonreír.

—Ahora entiendo por qué tu padre insistió tanto.

—¿Qué dice?

La abogada giró el documento.

—La propiedad no solo está protegida por el testamento.

Señaló una cláusula adicional.

—Hace cuatro años se constituyó un patrimonio familiar con restricciones extraordinarias.

Mariana observó aquellas páginas sin comprender del todo.

Alejandra explicó despacio.

—Eso significa que cualquier intento de impedirte el acceso a la vivienda, alterar las cerraduras o utilizar el inmueble como garantía sin tu autorización puede considerarse una vulneración directa del patrimonio protegido.

Daniela abrió mucho los ojos.

—¿Entonces Sebastián se metió solo en un problema enorme?

—Exactamente.

Y todavía no sabe hasta qué punto.

En ese instante sonó el teléfono de Mariana.

Era Sebastián.

Contestó.

—¿Ya se te pasó el drama? —preguntó él con absoluta tranquilidad.

Mariana no respondió.

Él continuó.

—Regreso mañana.

Hablaremos como adultos.

—¿Ya terminaste tus vacaciones?

Silencio.

—No empieces.

—Solo quería saber si alcanzaste a fotografiar todos los documentos que buscabas.

La respiración de Sebastián cambió.

—¿De qué hablas?

—De los recibos.

De las facturas.

De las escrituras.

De todo lo que fuiste a buscar mientras yo estaba recuperándome de una cesárea.

No hubo respuesta inmediata.

Por primera vez, Mariana sintió que él había perdido el control de la conversación.

—Estás imaginando cosas.

Ella sonrió.

—¿Seguro?

Colgó sin esperar otra palabra.

Alejandra levantó una ceja.

—Ya sospecha que descubriste algo.

—Lo sé.

—Entonces debemos actuar hoy mismo.

Esa misma tarde presentaron la solicitud para recuperar inmediatamente el acceso al inmueble.

También notificaron formalmente que cualquier modificación realizada por Sebastián después de impedir el ingreso de la propietaria sería incorporada al expediente.

Mientras firmaban los documentos, un empleado del despacho entró apresuradamente.

—Licenciada…

Traía un sobre urgente.

—Acaba de llegar del Registro Público.

Alejandra lo abrió.

Su expresión cambió por completo.

—Esto sí es grave.

Mariana sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué encontraron?

La abogada dejó el documento sobre la mesa.

—Ayer por la tarde…

Respiró profundamente.

—Alguien intentó iniciar un trámite para acreditar derechos sobre la casa.

Daniela se levantó de golpe.

—¿Sebastián?

—Todo indica que sí.

Mariana miró el expediente.

—Pero eso es imposible.

—No exactamente.

Alejandra señaló una hoja específica.

—Presentaron varios comprobantes de pago.

Recibos de mantenimiento.

Impuestos.

Reparaciones.

Fotografías del interior de la vivienda.

Exactamente lo que ustedes sospechaban.

Mariana cerró lentamente los ojos.

Había aprovechado aquellos días para construir su versión de la historia.

Pero Alejandra siguió leyendo.

Entonces sonrió.

—Cometió un error enorme.

—¿Cuál?

La abogada levantó el documento.

En una de las declaraciones juró bajo protesta de decir verdad que llevaba viviendo solo en la casa desde hacía más de seis meses… exactamente el mismo período en el que existen registros médicos, fotografías y documentos oficiales que demuestran que tú, embarazada, seguías viviendo allí con él hasta cuatro días antes del parto.

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