El comandante avanzó lentamente con las esposas en la mano, pero Mateo ya no prestaba atención a las armas que lo rodeaban. Sus ojos permanecían clavados en la pantalla.
El archivo seguía ejecutándose.
Una carpeta tras otra aparecía con fechas de más de veinte años atrás.
Lucas tragó saliva.
—Eso… eso no forma parte del sistema del banco.
Sofía acercó el monitor hacia ella.
—No. Alguien lo ocultó aquí para que nadie pudiera encontrarlo.
De pronto apareció una fotografía.
Un hombre estrechaba la mano del entonces presidente del banco nacional.
Mateo sintió que las piernas le fallaban.
Era su padre.
No era una imagen reciente.
Había sido tomada muchos años antes de que el banco arruinara económicamente a miles de familias.
—No puede ser… —susurró.
El comandante también observó la pantalla.
Su expresión cambió por completo.
Reconocía perfectamente a las personas que aparecían en aquellas imágenes.
Un nuevo documento se abrió automáticamente.
“Proyecto Fénix — Nivel Máximo de Confidencialidad.”
Dentro figuraban cientos de transferencias ilegales, empresas fantasma y nombres de políticos, jueces y empresarios.
Pero uno sobresalía sobre todos.
Alberto Rivas.
Padre de Mateo.
Lucas retrocedió horrorizado.
—Todo este tiempo pensamos que el banco era el enemigo…
Sofía negó lentamente con la cabeza.
—No. El banco solo era la fachada.
Mateo sintió que cada recuerdo de su infancia comenzaba a derrumbarse.
Su padre siempre había asegurado que perdió todo por culpa del sistema financiero.
Ahora descubría que había formado parte de él.
El comandante guardó silencio durante varios segundos.
Luego ordenó a sus agentes bajar las armas.
Todos lo miraron sorprendidos.
—Nadie toca ese servidor.
Uno de los policías protestó.
—Señor, son los responsables del ataque.

El comandante negó.
—Ya no es un simple ataque informático.
Se acercó al monitor y leyó la última línea del informe.
Su rostro perdió el color.
—Si este archivo sale a la luz… caerán personas mucho más poderosas que cualquiera de nosotros.
En ese instante sonó el teléfono cifrado del comandante.
Respondió sin apartar la vista de la pantalla.
Después de escuchar apenas unas palabras, quedó completamente inmóvil.
—Entendido…
Colgó lentamente.
Mateo lo observó fijamente.
—¿Qué ocurre?
El comandante respiró hondo antes de responder.
—Acabo de recibir una orden directa.
—¿De arrestarnos?
El hombre negó con gravedad.
—No.
Miró a todos los presentes.
—La orden es destruir este sótano con todos nosotros dentro… para que ese archivo jamás salga a la luz.