Sofía levantó el pequeño dispositivo.
Una luz verde parpadeaba en su superficie.
Mateo la miró con incredulidad.
—¿Qué es eso?
—La razón por la que la policía sabe exactamente dónde estamos.
Lucas retrocedió.
—Fuiste tú quien los llamó.
Sofía sonrió, pero no había triunfo en sus ojos. Solo una frialdad nacida de años de resentimiento.
—Llevo semanas colaborando con ellos.
Mateo apretó el arma con fuerza.
—Nos traicionaste.
—No. Evité que siguieras destruyendo vidas.
Los golpes contra la puerta aumentaron.
—¡Policía! ¡Suelten las armas y salgan con las manos visibles!
Mateo levantó el maletín.
—Tú planeaste el robo.
—Planeé que creyeras que podrías cometerlo sin consecuencias.
Lucas miró los fajos de billetes.
—¿El dinero es falso?
Sofía negó.
—Es auténtico. Y pertenece a las familias a las que Mateo estafó durante años.
El rostro de Lucas cambió.
—¿Qué estafas?
Mateo lo señaló con el arma.
—No la escuches.
Sofía sacó una memoria digital.
—Mateo utilizó nuestras identidades para abrir empresas fantasma. Desvió fondos de una fundación infantil y preparó documentos para que nosotros apareciéramos como responsables.
Lucas sintió que las piernas le fallaban.
—Tú me pediste firmar unos contratos.
—Eran autorizaciones para transferencias —explicó Sofía—. Si esta noche escapaba con el dinero, tú y yo cargaríamos con todo.
Mateo soltó una risa amarga.
—¿Y ahora finges ser inocente?
—Nunca dije que lo fuera.
Sofía miró a Lucas.
—Yo descubrí el fraude hace tres meses. En lugar de denunciarlo inmediatamente, hice un trato con la policía.
—Nos utilizaste —murmuró Lucas.
—Necesitábamos atraparlo con el dinero y su confesión.
Mateo avanzó hacia ella.
—Entrégame el dispositivo.
—Toda esta conversación está siendo transmitida.
La puerta comenzó a romperse.
Mateo apuntó directamente hacia Sofía.
Lucas se interpuso.
—Baja el arma.
—Apártate.
—No vas a hacerle daño.
Mateo lo miró con desprecio.
—Siempre fuiste el más débil.
—Y tú siempre confundiste amistad con obediencia.
Sofía dejó caer el dispositivo al suelo.
Mateo dirigió la mirada hacia él durante un segundo.
Lucas aprovechó la distracción y golpeó su brazo. El arma cayó lejos del maletín.
La policía irrumpió en el almacén.
Varios agentes redujeron a Mateo mientras Sofía levantaba las manos.
—¡Ella organizó todo! —gritó él—. ¡Deténganla también!
Un inspector recogió la memoria digital.
—La señorita Sofía está colaborando con la investigación.
Mateo comenzó a reír.
—Entonces pregúntenle por qué faltan dos millones.
El inspector miró el contenido del maletín.
Sofía perdió la sonrisa.
—¿Qué quiere decir?
—El dinero recuperado debía ser de cinco millones —respondió Mateo—. Aquí solo hay tres.
Lucas observó a Sofía.
—¿Tú tomaste el resto?
—No.
Mateo se dejó conducir hacia la salida.
—Ella fue la única que tuvo acceso al maletín antes de traerlo aquí.
Los agentes comenzaron a contar los fajos.
La cantidad coincidía con la acusación.
Faltaban dos millones.
—Tendrá que acompañarnos para declarar —dijo el inspector.
Sofía apretó los labios.
—Alguien cambió el dinero.
—¿Quién? —preguntó Lucas.
Ella miró hacia una cámara instalada en el techo del almacén.
—La persona que controlaba este lugar antes de que llegáramos.
Los agentes revisaron las grabaciones.
Una figura encapuchada había entrado dos horas antes y sustituido parte del contenido del maletín.
Al detener la imagen, Lucas reconoció un reloj plateado.
—Ese reloj pertenecía a mi padre.
Sofía se quedó inmóvil.
El padre de Lucas había desaparecido cinco años atrás después de denunciar irregularidades en la fundación.
Mateo aseguraba que había huido con dinero.
—Tu padre nunca escapó —dijo Sofía—. Fue quien me entregó las primeras pruebas.
Lucas la miró horrorizado.
—¿Sabías que estaba vivo?
—Solo recibía mensajes. Nunca vi su rostro.
Mateo comenzó a reír desde la puerta.
—Por supuesto que está vivo. Él me enseñó a mover el dinero.
Lucas sintió que el aire desaparecía.
—Mientes.
—Pregúntale a Sofía quién diseñó el dispositivo que llevaba en el bolsillo.
Todos la miraron.
Ella cerró los ojos.

—Tu padre.
La traición no había comenzado aquella noche.
El hombre desaparecido había utilizado a Sofía para atrapar a Mateo, recuperar el dinero y borrar su propia participación en el fraude.
En ese momento, el dispositivo emitió un último sonido.
Una voz masculina surgió del altavoz.
—Buen trabajo, Sofía. Ahora entrega la memoria y Lucas podrá volver a ver a su padre.
Lucas se acercó.
—¿Dónde estás?
La voz soltó una risa.
—En el lugar donde empezó todo.
La comunicación se cortó.
En la pantalla apareció una fotografía reciente del padre de Lucas frente a la antigua sede de la fundación.
A su lado había dos maletas.
Una contenía el dinero desaparecido.
La otra llevaba una etiqueta con el nombre de Sofía.
Dentro, según el mensaje, estaban las pruebas que podían demostrar su inocencia.
O convertirla en la única responsable de todo el fraude.