PARTE 2: LA LLAMADA QUE EXPUSO LA MAYOR MENTIRA DE SU IMPERIO.

El teléfono siguió sonando.

Nadie se atrevía a moverse.

El director observó la pantalla iluminada con el nombre de One One mientras sus manos comenzaban a temblar.

—Contesta —ordenó una de las mujeres.

Con el rostro completamente pálido, aceptó la llamada y activó el altavoz.

—¿Dónde estás? —preguntó la voz tranquila de One One.

—En la oficina… resolviendo un problema.

Del otro lado hubo unos segundos de silencio.

—Perfecto. Entonces no te muevas. Estoy subiendo.

El director sintió que las piernas dejaban de responderle.

—No hace falta que vengas…

Pero la llamada ya se había cortado.

Las dos amigas intercambiaron una mirada.

—Parece que por fin escucharás la verdad delante de ella.

Menos de un minuto después, las puertas del ascensor se abrieron.

One One apareció caminando con absoluta serenidad.

No lloraba.

No gritaba.

Su calma resultaba mucho más aterradora.

Entró en la oficina, observó las fotografías sobre el escritorio y luego dirigió la vista hacia el hombre con quien había construido la empresa durante doce años.

—Así que era cierto.

Él dio un paso adelante.

—Déjame explicarlo.

—No.

Ella dejó una carpeta azul sobre la mesa.

—Hoy hablo yo.

Abrió la carpeta delante de todos.

En su interior había estados financieros, contratos y registros de transferencias.

—Las fotografías no son el peor problema.

El director frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

One One levantó el último documento.

—Durante tres años utilizaste empresas fantasma para desviar dinero de la compañía.

La oficina quedó completamente en silencio.

La supuesta inversionista apareció entonces por la puerta, acompañada por dos auditores y varios agentes de la unidad de delitos económicos.

Miró al director sin la menor emoción.

—Nunca fui tu amante.

Sacó una credencial oficial.

—Fui la auditora encubierta encargada de investigar tus movimientos financieros.

El rostro del hombre perdió todo color.

—Eso… eso no puede ser.

Uno de los agentes dio un paso al frente.

—Sí puede.

Le mostró una orden judicial.

—Tenemos pruebas de fraude, falsificación de contratos y apropiación indebida de fondos.

Mientras los agentes le colocaban las esposas, el director miró desesperadamente a One One.

—Todo lo hice por nosotros…

Ella negó lentamente con la cabeza.

—No.

Lo miró por última vez antes de darse la vuelta.

—Lo hiciste solo por ti… y hoy tu propia ambición acaba de destruir todo lo que juraste proteger.

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