PARTE 2
El teléfono seguía vibrando dentro del abrigo de Sofía.
Cada segundo parecía durar una eternidad.
Mateo mantenía los dedos clavados en su brazo mientras la observaba sin parpadear.
—No me obligues a hacerte daño también.
Su voz sonó baja, pero cargada de una amenaza real.
Sofía respiró profundamente.
Frente a ella, el monitor cardíaco emitía alarmas cada vez más rápidas.
El anciano apenas luchaba por mantenerse con vida.
De pronto, la puerta de la habitación se abrió.
Una enfermera entró apresurada al escuchar la alarma.
—¡Doctor, necesitamos ayuda aquí!
Mateo soltó inmediatamente a su hermana y retrocedió dos pasos.
En apenas un instante cambió completamente de expresión.
Sus ojos se llenaron de lágrimas falsas.
—Por favor, salven a mi padre.
Los médicos irrumpieron detrás de la enfermera empujando un carro de emergencias.
Mientras todos rodeaban la cama, Sofía observó algo que nadie más parecía notar.
El tubo de oxígeno había quedado ligeramente desconectado.
No había sido un accidente.
Había huellas recientes sobre la válvula.
Mateo aprovechó el caos para acercarse lentamente.
—Recuerda quién pagó las deudas de esta familia.
—Recuerda quién mantiene esta casa.
—Si hablas… ninguno de nosotros volverá a tener una vida.
Sofía sintió un escalofrío.
Aquellas palabras eran exactamente las mismas que su padre utilizaba años atrás para obligarlos a guardar silencio después de cada episodio de violencia.
Mateo ya hablaba igual que él.
La historia estaba repitiéndose delante de sus propios ojos.
En ese momento, el médico levantó la vista.
—Logramos estabilizarlo… pero estuvo a segundos de morir.
Un enorme suspiro recorrió la habitación.
Solo Mateo pareció decepcionado durante una fracción de segundo.
Fue un gesto mínimo.
Pero Sofía lo vio perfectamente.
Su estómago se revolvió.
Ya no tenía dudas.
Su hermano realmente había querido terminar con la vida de su padre.
El teléfono volvió a vibrar.
En la pantalla apareció un único mensaje.
“Última oportunidad. Si confirma el intento de homicidio, enviamos a los agentes ahora mismo.”
Sofía levantó lentamente la mirada.
Observó a su padre inconsciente.
Después miró a su hermano.
Durante años ambos habían sido víctimas del mismo infierno.
Pero uno de ellos había decidido convertirse en aquello que más odiaba.
Con las manos temblando, desbloqueó el teléfono.
Mateo dio un paso hacia ella.

—Ni se te ocurra…
Antes de que pudiera terminar la frase, Sofía presionó el botón de confirmar.
Cinco segundos después, el sonido de varias sirenas comenzó a escucharse frente al hospital.
Y entonces Mateo sonrió por primera vez.
No era la sonrisa de alguien descubierto.
Era la sonrisa de alguien que llevaba demasiado tiempo preparando exactamente ese momento.