PARTE 2
El abogado dejó lentamente el sobre negro sobre la pequeña mesa de la habitación.
Nadie se atrevió a hablar.
Lucía observó el documento con una mezcla de miedo y rabia.
Por primera vez desde que comenzó la discusión, su seguridad parecía desmoronarse.
—¿Quién presentó esa acusación? —preguntó intentando mantener la calma.
El abogado no respondió de inmediato.
Primero miró a Mateo.
Después dirigió la vista hacia la puerta de la unidad de cuidados intensivos, donde varios médicos seguían luchando por estabilizar a la anciana.
Finalmente rompió el silencio.
—Hace dos semanas, su madre pidió reunirse conmigo en secreto.
Lucía sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—Eso es imposible.
—No lo es.
El abogado abrió cuidadosamente el sobre.
Sacó varias fotografías.
También colocó sobre la mesa una memoria USB y un documento firmado ante notario.
Mateo observó todo sin comprender.
—Su madre sospechaba que alguien intentaba acelerar su muerte para quedarse con la herencia.
Lucía dio un paso atrás.
—¡Eso es mentira!
El abogado deslizó la primera fotografía.
En ella aparecía Lucía entrando repetidas veces al cuarto donde se guardaban los medicamentos de la paciente.
Luego mostró una copia del registro electrónico del hospital.
Todas las visitas coincidían con los momentos en que la salud de la anciana había empeorado de manera inexplicable.
El rostro de Lucía perdió completamente el color.
—Eso no demuestra nada.
—Todavía no he terminado.
El abogado levantó la memoria USB.
—Aquí hay grabaciones de las cámaras del pasillo y una conversación que su madre decidió registrar después de recibir amenazas.
Mateo sintió un escalofrío.
Nunca imaginó que su propia madre hubiera vivido con tanto miedo.
En ese instante, la puerta de cuidados intensivos volvió a abrirse.
El médico principal salió con expresión seria.
—La paciente ha recuperado la conciencia por unos minutos.
Los tres quedaron inmóviles.
—Pero insiste en hablar únicamente con el abogado… y con su hijo Mateo.
Lucía intentó avanzar.
El médico le bloqueó el paso.
—Usted no puede entrar.
—¿Quién lo decidió?
—La propia paciente.
Las piernas de Lucía comenzaron a temblar.
Mientras el abogado y Mateo entraban en la habitación, ella permaneció sola en el pasillo.
Apenas unos segundos después, se escuchó la voz débil de la anciana desde el interior.

—Si no logro salir con vida…
Hizo una pausa para recuperar el aliento.
—Quiero que sepan que quien intentó matarme… no actuó sola.
El silencio fue absoluto.
Incluso las enfermeras dejaron de caminar.
Lucía cerró lentamente los ojos.
Porque entendió que el nombre que estaba a punto de pronunciar su madre no era el suyo.
Era el de alguien mucho más poderoso que había manipulado a toda la familia desde las sombras.