Mauricio dejó el dibujo sobre la mesa.
Intentó sonreír.
Pero sus manos temblaban.
—Es… impresionante cómo dibuja.
Sofía no respondió.
Solo siguió coloreando otra hoja.
Valeria fingió no notar nada.
—Tiene muy buena memoria.
Recuerda a cualquiera que haya visto una sola vez.
Mauricio tragó saliva.
—Qué curioso.
Durante el resto de la cena apenas habló.
Por primera vez desde que lo conocía, parecía tener prisa por marcharse.
En cuanto salió del taller, Valeria llamó a Ernesto.
—Ya reaccionó.
—¿Cómo?
—Como reacciona un hombre cuando descubre que alguien lo vio cometer algo que jamás debía salir a la luz.
A la mañana siguiente, Ernesto contrató discretamente a un investigador privado.
No siguieron a Mauricio por celos.
Lo siguieron por negocios.
Tres días después regresó con fotografías.
Mauricio había visitado dos veces el mismo edificio corporativo.
Siempre entraba con un portafolio negro.
Siempre salía con las manos vacías.
Pero ninguna imagen mostraba qué entregaba.
Valeria observó las fotografías en silencio.
Algo seguía faltando.
Entonces Sofía apareció con un nuevo cuaderno de dibujos.
Se sentó junto a ella.
Pasó lentamente varias páginas.
Hasta detenerse en una.
Era el mismo edificio.
Mauricio estaba frente a la mujer de la mascada roja.
Y sobre el cofre de la camioneta descansaba una carpeta azul.
Valeria sintió un escalofrío.
Aquella carpeta era idéntica a la que guardaba toda la documentación legal de Luz de Jade.
Esa misma tarde decidió poner fin a la duda.
Invitó a Mauricio al taller.
—Quiero enseñarte algo.
Él sonrió con naturalidad.
—Claro.
Entraron a la oficina principal.
Sobre el escritorio descansaba exactamente la misma carpeta azul.
Mauricio la reconoció inmediatamente.
Sus ojos permanecieron fijos en ella durante demasiado tiempo.
Valeria sonrió.
—¿Te pasa algo?
Él negó con rapidez.
—No.
Solo pensé que ya habías archivado esos papeles.
Aquella frase confirmó algo importante.
Nunca antes le había mostrado aquella carpeta.
No podía saber qué contenía.
A menos que ya la hubiera visto.
Cuando Mauricio se marchó, Ernesto apareció desde la oficina contigua.
Había escuchado toda la conversación.
—Ya cayó.
Valeria asintió lentamente.
—Ahora quiero saber quién está detrás.
El abogado abrió otra carpeta.
—Eso también lo descubrimos.
La mujer rubia se llama Claudia Ferrer.
Trabaja para un fondo de inversión especializado en adquirir empresas familiares con problemas financieros.
Valeria respiró hondo.
Todo empezaba a encajar.
El falso crédito.
Las garantías.
El matrimonio.
La transferencia del negocio.
No buscaban casarse con ella.
Buscaban quedarse con Luz de Jade.
Faltaban solo cinco días para la boda.
Mauricio insistía en revisar los últimos documentos matrimoniales.
Valeria aceptó.
Pero los documentos que él recibió eran copias preparadas por Ernesto.
Los originales permanecían protegidos en una caja de seguridad bancaria.
Dos días después, el investigador llamó de urgencia.
—Tenemos imágenes.
En la pantalla aparecía Mauricio entrando nuevamente al edificio corporativo.
Esta vez llevaba exactamente la misma carpeta azul.
El investigador amplió la fotografía.
Dentro podían distinguirse varias hojas.
En la esquina superior aparecía claramente el logotipo de Luz de Jade.
Valeria ya no necesitaba más pruebas.
Se quitó lentamente el anillo de compromiso.
Lo dejó sobre el escritorio.
—Cancela todo.
Ernesto sonrió.
—Ya imaginaba que dirías eso.
Mientras organizaban la denuncia, Sofía entró en silencio.
Llevaba otro dibujo entre las manos.
Se acercó hasta Valeria.
Y le susurró muy bajito.
—No solo entregó la carpeta.

Valeria la miró sorprendida.
—¿Qué más viste?
La niña señaló el dibujo.
Allí aparecía Mauricio entregando varios documentos a Claudia.
Después levantó lentamente la vista.
—Lo vi entregando tus papeles.
Hizo una pausa.
—Y también lo escuché decir que, después de la boda…
Ya no necesitarían que tú firmaras nada.
Ernesto dejó de respirar por un instante.
Porque solo existía una forma de que aquella frase tuviera sentido.
Alguien ya había preparado documentos con una firma idéntica a la de Valeria.
Y eso significaba que el plan ya no era solo quitarle la empresa.
También estaban listos para utilizar una firma falsificada para arrebatársela sin que ella volviera a tocar un solo papel.