El Dr. Reynolds observó la pantalla del ultrasonido durante varios segundos.
La sonrisa que había recibido a Adrián y a Chloe desapareció lentamente.
Margaret fue la primera en romper el silencio.
—Doctor… ¿qué pasa?
El especialista respiró hondo antes de girar la pantalla hacia ellos.
—Necesito hacer algunas preguntas antes de continuar.
Chloe apretó la mano de Adrián.
—¿El bebé está bien?
El médico no respondió de inmediato.
En lugar de eso, abrió el expediente electrónico.
—¿Usted es el señor Adrián Castillo?
—Sí.
—¿Y es el padre del bebé?
—Por supuesto.
El doctor levantó la vista.
—Eso es precisamente lo que necesito confirmar.
El aire pareció desaparecer de la habitación.
Vanessa soltó una risa nerviosa.
—Doctor, debe haber algún error.
—Todavía no lo sé.
El médico volvió a mirar la pantalla.
—Pero la edad gestacional que muestran las mediciones no coincide con las fechas que aparecen en el expediente.
Chloe palideció.
—¿Qué significa eso?
—Que este embarazo comenzó varias semanas antes de lo que ustedes declararon.
Adrián frunció el ceño.
—Eso no prueba nada.
El doctor asintió.
—Tiene razón.
No prueba nada.
Pero sí exige aclaraciones.
Mientras tanto, el SUV avanzaba hacia el Aeropuerto Internacional.
Noah dormía apoyado sobre el hombro de Elena.
Lily sostenía su muñeca favorita mientras observaba los aviones por la ventana.
El conductor rompió el silencio.
—La señora Dawson pidió que le entregara esto cuando saliéramos de la ciudad.
Le dio otra carpeta.
Dentro había una copia del convenio de divorcio.
Varias páginas estaban marcadas con notas adhesivas.
Elena sonrió apenas.
Adrián había firmado cada una de ellas sin leer una sola línea.
En la clínica, el ambiente se había vuelto insoportable.
El Dr. Reynolds cerró el expediente.
—Además hay otra situación.
Margaret se inclinó hacia adelante.
—¿Cuál?
—Durante los análisis de rutina encontramos una condición genética que requiere revisar los antecedentes médicos del padre biológico.
Adrián cruzó los brazos.
—No tengo ninguna enfermedad.
—No hablé de usted específicamente.
El médico miró a Chloe.
—¿Está completamente segura de quién es el padre?
Ella comenzó a llorar.
—¡Claro que sí!
Pero su voz ya no sonaba tan firme.
Vanessa miró a su hermano.

Por primera vez empezó a dudar.
A miles de metros de allí, el abogado Dawson esperaba en la sala VIP del aeropuerto.
Cuando Elena llegó, él se puso de pie.
—Todo salió exactamente como esperábamos.
Ella tomó asiento.
—¿Leyó finalmente el convenio?
—Tres veces.
Le entregó una copia.
—Su exesposo renunció voluntariamente a mucho más que unos bienes.
Elena acarició el cabello de Noah mientras seguía escuchando.
—Firmó la cesión absoluta de cualquier derecho futuro sobre los niños.
—Lo sé.
—No solo de la custodia.
También de decisiones médicas, educativas, patrimoniales y sucesorias.
Elena guardó silencio.
Dawson sonrió levemente.
—Creía que estaba librándose de una responsabilidad.
En realidad, renunció legalmente a cualquier posibilidad de intervenir en sus vidas.
En la clínica, el teléfono de Adrián comenzó a sonar.
Era su contador.
Lo ignoró.
Volvió a sonar.
Después otra vez.
Finalmente respondió con evidente molestia.
—¿Qué pasa?
Del otro lado solo se escuchó una frase.
—Necesita venir inmediatamente.
—Estoy ocupado.
—No, señor Castillo.
Esto no puede esperar.
Acabamos de recibir la ejecución del convenio de divorcio.
Adrián rodó los ojos.
—Ya firmé todo.
—Precisamente de eso se trata.
El contador respiró profundamente.
—¿Leyó lo que firmó?
Adrián sintió un pequeño nudo en el estómago.
—No.
—Entonces será mejor que se siente.
En el aeropuerto, Dawson abrió la última carpeta.
Había varias escrituras.
Un fideicomiso.
Y un documento con sello notarial.
—Su abuelo dejó una cláusula muy particular.
Elena levantó la vista.
—¿Cuál?
—Todo descendiente directo de la familia Salazar conservaría los derechos sobre el patrimonio únicamente si el padre reconocía y ejercía activamente sus responsabilidades familiares.
Ella comprendió inmediatamente.
—Adrián…
—Acaba de renunciar por escrito a esas responsabilidades.
Dawson cerró la carpeta lentamente.
—Eso significa que, desde hace exactamente treinta y siete minutos…
Todo el patrimonio reservado para Noah y Lily quedó protegido exclusivamente bajo su administración.
Y su exesposo perdió cualquier posibilidad de administrarlo o reclamar participación alguna.
En la clínica, el contador seguía hablando por teléfono.
Adrián ya no escuchaba con claridad.
Solo alcanzó a distinguir las últimas palabras.
—…y hay algo más.
—¿Qué?
—La familia Salazar notificó oficialmente la activación del fideicomiso infantil.
Margaret abrió los ojos.
—¿Qué fideicomiso?
El contador respondió con voz apagada.
—El que el señor Castillo acaba de entregar voluntariamente al firmar el divorcio sin leer una sola página.
El teléfono resbaló lentamente de la mano de Adrián.
Pero antes de que pudiera reaccionar, el Dr. Reynolds volvió a entrar con los resultados definitivos del laboratorio.
Los dejó sobre la mesa.
Miró directamente a Chloe.
Y pronunció una frase que hizo que toda la familia Castillo dejara de respirar.
—Ya tenemos la confirmación genética preliminar… y el análisis indica que el señor Adrián Castillo no puede ser considerado el único posible padre biológico del bebé. Necesitamos realizar una prueba de ADN antes de continuar cualquier tratamiento.