Los mercenarios avanzaron apuntando directamente al pecho de Mateo.
El contador de energía de su traje táctico descendía sin detenerse.
5 %.
4 %.
Doña Elena sonrió convencida de que la victoria finalmente era suya.
—Entrégame al niño y todo terminará aquí.
Mateo abrazó con más fuerza la cápsula protectora donde descansaba el bebé.
—Jamás.
El jefe de los mercenarios levantó la mano.
—Disparen.
Pero antes de que alguien pudiera apretar el gatillo, el extraño amuleto comenzó a emitir una intensa luz dorada desde el bolsillo de Doña Elena.
Un pitido agudo inundó la habitación.
Las armas electrónicas dejaron de funcionar al mismo tiempo.
Las pantallas del edificio se encendieron solas.
Sofía, la ingeniera de seguridad que vigilaba el complejo desde la sala de control, observó sorprendida cómo el sistema detectaba una autenticación desconocida.
—Eso es imposible…
En la pantalla apareció un mensaje.
“Protocolo Corona activado.”
Doña Elena palideció.
Aquella función solo podía ejecutarse con el portador legítimo del amuleto.
Mateo también quedó inmóvil.
Siempre creyó que aquel objeto era únicamente un dispositivo de rastreo.
Nunca imaginó que escondiera algo más.
El amuleto proyectó un holograma sobre la habitación.
La imagen mostraba al fundador de la corporación décadas atrás.
Su voz resonó con absoluta claridad.
—Si estás viendo este mensaje, significa que la familia ha vuelto a dividirse por la ambición.
Todos permanecieron en silencio.
—La joya nunca fue un símbolo de poder. Es la única llave capaz de revelar la identidad del verdadero heredero del Grupo Kronos.
Un haz de luz descendió lentamente sobre la cuna.

El pequeño bebé abrió los ojos.
El amuleto comenzó a girar solo hasta colocarse frente a él.
Un segundo después, emitió una señal verde.
“Heredero confirmado.”
Los mercenarios intercambiaron miradas confundidas.
Doña Elena retrocedió varios pasos.
—¡No! ¡Eso no puede ser!
Mateo comprendió finalmente por qué su madre estaba dispuesta a destruir a toda la familia.
Ella no quería proteger el legado.
Quería controlar al único niño que podía reclamar legalmente todo el imperio.
En ese instante, todas las puertas del edificio se desbloquearon automáticamente.
Una voz metálica anunció por los altavoces:
—Acceso concedido al Consejo Fundador.
Varios vehículos blindados entraron en la mansión.
Los hombres que descendieron de ellos no obedecían a Doña Elena.
Respondían únicamente al antiguo consejo de la corporación.
El anciano que iba al frente observó el amuleto y luego al bebé.
Su expresión cambió por completo.
Se inclinó lentamente en señal de respeto.
—Después de treinta años… por fin hemos encontrado al auténtico heredero.
Doña Elena sintió que el mundo se derrumbaba cuando el anciano añadió unas palabras que nadie esperaba.
—Y ahora ha llegado el momento de revelar quién es, en realidad, el verdadero padre de ese niño.