Parte 2: EL DIVORCIO QUE ADRIAN CREYÓ TENER GANADO Y LA REUNIÓN QUE CONVIRTIÓ A SU IMPERIO EN EL PRIMER OBJETIVO DE LA FAMILIA MOORE

Sostuve el convenio de divorcio entre las manos durante varios segundos.

Todavía me dolía respirar.

Cada movimiento me recordaba las costillas rotas que los hombres de Adrian me habían dejado como despedida.

Clara Evans permanecía de pie frente a mi cama.

—¿Desea que nuestros abogados lo revisen primero?

Negué lentamente.

—No hace falta.

Ya sé exactamente qué voy a hacer.

Ella me observó con atención.

—¿Va a aceptar los doscientos mil dólares?

Solté una pequeña sonrisa.

La primera sonrisa sincera desde el ataque.

—Hace una hora quizá habría discutido por cada centavo.

Ahora…

Cerré la carpeta.

—Ahora quiero algo mucho más importante.

Clara comprendió inmediatamente.

—Justicia.

Asentí.

No quería comprar otra casa.

Ni otro automóvil.

Ni demostrar que tenía más dinero que Adrian.

Quería que respondiera por lo que había hecho.


Esa misma tarde, Theodore Moore llegó al hospital.

No entró rodeado de fotógrafos.

Ni de guardaespaldas exageradamente visibles.

Solo caminó despacio apoyado en un bastón de madera oscura.

Tenía más de ochenta años.

Pero sus ojos conservaban una firmeza que imponía silencio.

Cuando se acercó a mi cama, ninguno de los dos habló durante varios segundos.

Fue él quien rompió el silencio.

—Tienes los mismos ojos que tu madre.

Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.

Nunca conocí a mis abuelos.

Nunca supe que existían.

Mi madre jamás quiso hablar de ellos.

Theodore tomó mi mano con enorme cuidado para no lastimarme.

—Llegué demasiado tarde para proteger a mi hija.

No pienso cometer el mismo error contigo.

No supe qué responder.

Él observó las vendas de mi cuerpo.

Después el informe médico.

Su expresión cambió por completo.

—¿Quién dio la orden?

Respiré profundamente.

—Mi esposo.

Theodore cerró lentamente los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, ya no había tristeza.

Solo una calma peligrosamente fría.

—Clara.

La secretaria dio un paso adelante.

—Sí, señor.

—Quiero un informe completo del Grupo Whitman antes de que termine el día.

Absolutamente todo.

Sociedades.

Contratos.

Demandas.

Deudas.

Aliados.

Competidores.

Clara tomó nota inmediatamente.

—Sí, señor.

Yo levanté la vista.

—No quiero destruir una empresa por venganza.

Theodore sonrió con serenidad.

—Yo tampoco.

Hizo una pausa.

—Pero jamás permito que alguien golpee a un miembro de mi familia y después crea que puede seguir viviendo exactamente igual.


Mientras tanto, en París, Adrian terminaba una reunión con la familia Grant.

Todo parecía salir perfectamente.

Vanessa sonreía junto a él.

Los fotógrafos preparaban el anuncio del compromiso.

Samuel Brooks se acercó discretamente.

—Señor…

Necesito hablar con usted.

Adrian notó inmediatamente el tono de su asistente.

—¿Qué ocurre?

—Es sobre Elena.

Él suspiró con fastidio.

—¿Rechazó el acuerdo?

—Sí.

—Perfecto.

Entonces que firme el divorcio y terminemos con esto.

Samuel permaneció inmóvil.

—No es tan sencillo.

Adrian dejó lentamente la copa sobre la mesa.

—Habla.

Samuel respiró profundamente.

—Después de que salí del hospital… llegaron varias personas.

No pude identificar quiénes eran.

Pero el área jurídica investigó los vehículos.

Pertenecen a Moore International Group.

Adrian frunció el ceño.

—¿Los Moore?

—Sí.

El silencio comenzó a volverse incómodo.

Vanessa intervino.

—¿Y qué tiene de especial?

Samuel la miró.

—Que la señora Elena acaba de ser reconocida oficialmente como heredera directa del señor Theodore Moore.

La sonrisa desapareció del rostro de Vanessa.

Adrian soltó una pequeña risa.

—Eso es imposible.

Samuel sacó una tableta.

Mostró una fotografía tomada esa misma mañana.

Theodore entrando al hospital.

Tomando la mano de Elena.

Después otra imagen.

La tarjeta de acceso al área privada reservada únicamente para la familia Moore.

Y una tercera.

La inscripción oficial en el registro corporativo.

ELENA MOORE. ACCIONISTA MAYORITARIA INDIVIDUAL.

Adrian sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Por primera vez desde que conoció a Elena…

No tenía ninguna respuesta.


Dos días después recibí el alta médica.

No regresé a la antigua casa.

Todo lo que había allí dejó de pertenecerme emocionalmente el día que Adrian decidió ordenar mi agresión.

Clara me llevó a una residencia temporal.

No era una mansión ostentosa.

Era una casa tranquila.

Con jardín.

Biblioteca.

Y una habitación especialmente adaptada para mi recuperación.

Aquella noche revisé nuevamente el expediente del divorcio.

Las condiciones seguían siendo exactamente las mismas.

Doscientos mil dólares.

Renuncia absoluta.

Cláusula de confidencialidad.

Prohibición de hacer declaraciones públicas.

Firmé.

Pero únicamente donde mi abogado había indicado.

Porque detrás del convenio agregamos un documento completamente distinto.

Un escrito de reserva expresa de acciones civiles y penales derivadas de los hechos ocurridos antes del divorcio.

Clara cerró la carpeta.

—Ahora sí.

Él ya no podrá decir que todo quedó resuelto.


Tres días después, Adrian aterrizó en Nueva York para asistir a una reunión internacional de inversionistas.

Al entrar al edificio notó algo extraño.

Las conversaciones se detenían cuando pasaba.

Algunos directivos evitaban saludarlo.

Su director financiero apareció apresurado.

—Necesitamos hablar.

Entraron a una sala privada.

—¿Qué pasó?

El hombre colocó varias hojas sobre la mesa.

—Desde ayer tres fondos internacionales suspendieron las negociaciones.

Adrian sintió un nudo en el estómago.

—¿Por qué?

—No dieron explicaciones.

Solo dijeron que revisarán nuevamente sus políticas de gobierno corporativo y manejo de riesgos.

No entendía qué estaba ocurriendo.

Hasta que observó el último documento.

Era una solicitud formal de información enviada por un prestigioso despacho internacional.

En la parte inferior aparecía el nombre del cliente representado.

Moore International Group.

Y debajo, una frase que hizo que el color desapareciera por completo del rostro de Adrian Whitman.

“Se solicita preservar toda la documentación relacionada con el incidente ocurrido en las instalaciones del Grupo Whitman el día en que la señora Elena Moore resultó gravemente lesionada, por existir indicios de responsabilidad corporativa y participación de personal de seguridad contratado por la empresa.”

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