Mateo miró a Elena sin apartarse de ella.
—¿Qué quiso decir?
Elena abrió la boca, pero el miedo cerró su garganta.
Julián sonrió al notar la duda entre ambos.
—Pregúntale por la clínica privada —dijo—. Pregúntale qué ocurrió cinco meses atrás.
Los comentarios de la transmisión comenzaron a multiplicarse.
Mateo bajó el teléfono solo unos centímetros.
—Elena, mírame.
Ella levantó lentamente los ojos.
—El bebé es tuyo —respondió con la voz rota—. Pero Julián sabe algo que nunca tuve valor para contarte.
La sonrisa del hombre desapareció.
—Cállate.
—Ya no voy a callar más.
Las sirenas se escuchaban cada vez más cerca.
Elena respiró profundamente.
—Julián falsificó unos resultados médicos para hacerme creer que no podía quedar embarazada. Después me obligó a asistir a una clínica controlada por él.
Mateo apretó los puños.
—¿Por qué haría algo así?
—Porque quería utilizar mi embarazo para quedarse con la empresa de mi padre.
Julián comenzó a retroceder hacia el despacho.
—Está mintiendo. Es una mujer desesperada.
Elena señaló una cámara instalada sobre la chimenea.
—Entonces permite que revisen las grabaciones.
El rostro de Julián palideció.
Durante meses, había olvidado que el sistema de seguridad guardaba copias externas de todo lo ocurrido en la mansión.
Uno de los empleados levantó la cabeza.
—Yo tengo acceso al servidor —dijo.
Julián lo miró con odio.
—Estás despedido.
—Ya no me importa.
El hombre sacó una tableta y abrió varios archivos.
En la pantalla apareció Julián entregando dinero al médico de la clínica.
Después se escuchó su voz:
—Cuando nazca el niño, modificaremos el registro. Elena firmará la cesión de sus acciones creyendo que está protegiendo a su hijo.
Mateo sintió que la rabia le quemaba el pecho.
—¿Planeabas robarle al bebé?
—Era la única forma de recuperar lo que su familia me quitó —respondió Julián.
—Mi familia nunca te quitó nada —dijo Elena.
—Tu padre destruyó a la mía.
La policía entró en la mansión.
Julián corrió hacia el despacho, pero dos agentes bloquearon su camino.
Uno de ellos le ordenó levantar las manos.
Él obedeció lentamente, aunque continuaba mirando a Elena.
—Diles toda la verdad —susurró—. Diles quién firmó el primer acuerdo conmigo.
Mateo se volvió hacia su esposa.
—¿Qué acuerdo?
Elena comenzó a llorar.
—Cuando descubrí que estaba embarazada, Julián amenazó con hacerte daño. Firmé un documento para mantenerte lejos de la empresa.
—¿Qué documento?
—Uno donde aceptaba que él administrara mis acciones temporalmente.
Julián soltó una carcajada.
—No fue temporal.
El abogado de la familia, que observaba desde el pasillo, intervino.
—La cesión era definitiva si Elena y Mateo se separaban antes del nacimiento.
Todos comprendieron el plan.
Julián había intentado provocar una ruptura para quedarse con la fortuna.
La acusación sobre la paternidad era su último golpe.
Mateo volvió a levantar el teléfono.
—Millones de personas acaban de escuchar tu confesión.
Julián perdió finalmente el control.
—¡Ese hijo debía pertenecerme!
La frase quedó grabada.
Los agentes lo esposaron.
Cuando se lo llevaban, Elena se acercó a Mateo.
—Perdóname por ocultártelo.
Él colocó una mano sobre su vientre.
—Debiste confiar en mí.
—Tenía miedo de perderte.
—Casi me pierdes por guardar silencio.
Mateo apagó la transmisión y la abrazó con cuidado.
Pero antes de abandonar la mansión, el empleado encontró otro archivo oculto en el servidor.
Era una grabación de la clínica.
En ella aparecía Julián junto al médico y una mujer que permanecía de espaldas.
—Cuando Elena dé a luz, intercambiaremos a los bebés —ordenaba Julián—. Nadie descubrirá cuál pertenece realmente a la familia.
La mujer se giró.
Elena sintió que las piernas le fallaban.
Era su propia madre.
—Mamá… —susurró.
El video continuó.
—Mateo nunca debe saber que Elena ya tuvo un hijo suyo hace seis años —decía la mujer—. Ese niño sigue vivo, pero todos creen que murió al nacer.
Mateo miró a Elena, completamente conmocionado.
—¿Tuvimos otro hijo?

Ella negó entre lágrimas.
—Me dijeron que no sobrevivió.
El empleado amplió la última imagen de la grabación.
Un niño pequeño aparecía caminando por el pasillo de la clínica.
Tenía los mismos ojos que Mateo.
Y llevaba en la mano una fotografía reciente de Elena.
Debajo del archivo aparecía una sola frase:
“El primer heredero regresará antes del nacimiento del segundo.”