PARTE 2 — EL LEGADO PROHIBIDO DESPERTÓ BAJO LA MONTAÑA

La mano oscura se aferró con fuerza al tobillo de Shower.

Valeria tiró de la cuerda dorada con todas sus fuerzas.

El resplandor se hizo cada vez más intenso.

Por un instante, la mano retrocedió.

Pero el rugido que surgía del fondo de la grieta se volvió aún más aterrador.

—¡No me sueltes! —gritó Shower.

—¡Jamás!

El suelo volvió a temblar.

La cuerda comenzó a emitir símbolos dorados que recorrían toda su longitud.

Valeria sintió un calor extraño subir por sus brazos.

Una voz anciana resonó dentro de su mente.

—Solo la sangre del linaje puede abrir el camino.

Ella no comprendía aquellas palabras.

Entonces una roca cayó junto a Shower.

El golpe abrió una pequeña herida en su mano.

Varias gotas de sangre tocaron la cuerda.

El resplandor se multiplicó.

La mano oscura lanzó un grito desgarrador y desapareció entre las sombras.

Con un último esfuerzo, Valeria consiguió sacar a Shower de la grieta.

Los dos cayeron sobre la hierba, exhaustos.

Pensaron que todo había terminado.

Pero la grieta no se cerró.

Al contrario.

Comenzó a abrirse lentamente.

Desde el interior emergieron unas antiguas escaleras de piedra cubiertas por raíces centenarias.

En las paredes brillaban cientos de inscripciones desconocidas.

Shower observó la sangre que aún caía de su mano.

Cada gota que tocaba la roca iluminaba un nuevo símbolo.

—¿Qué está pasando?

Valeria recordó el cofre de la cabaña.

Dentro había encontrado un viejo pergamino que apenas había alcanzado a guardar en su mochila.

Lo abrió con cuidado.

Las letras comenzaron a brillar por sí solas.

“Cuando el heredero de la sangre perdida regrese al Santuario del Bosque, el camino de los guardianes volverá a abrirse.”

Los dos se miraron sin comprender.

En ese instante, una figura apareció al final de las escaleras.

Era un anciano vestido con una túnica blanca.

No caminaba.

Parecía deslizarse sobre la piedra.

Al llegar frente a ellos, inclinó lentamente la cabeza.

—Han tardado veinte años en regresar.

Valeria dio un paso atrás.

—¿Quién es usted?

El anciano sonrió con serenidad.

—El último guardián del legado de vuestros antepasados.

Luego miró fijamente a Shower.

Sus ojos se llenaron de sorpresa.

—Así que eras tú…

Shower frunció el ceño.

—¿Me conoce?

El anciano asintió lentamente.

—No solo te conozco.

Sacó un antiguo medallón de jade idéntico al que Shower llevaba oculto bajo la camisa desde que era un niño.

—Yo estuve presente la noche en que te sacaron de este bosque para salvarte.

El silencio cayó sobre la montaña.

El anciano levantó la vista hacia la enorme grieta.

—Tus padres nunca murieron en un accidente.

Respiró profundamente antes de pronunciar la verdad.

—Fueron asesinados para impedir que el verdadero heredero del Santuario reclamara el secreto que permanece enterrado bajo esta montaña… y ese heredero eres tú.

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