Lo miré durante varios segundos, esperando la sonrisa que revelara la broma.
Nunca llegó.
—¿Casarte conmigo?
—Sí.
—Tu hermano acaba de humillarme delante de medio Chicago y tú crees que la solución es convertirme en tu esposa.
Nikolai bebió un sorbo de whisky.
—No dije que fuera una solución. Dije que era una oferta.
—Estás loco.
—Probablemente.
Me aparté de la pared.
—Busca a otra mujer para tus guerras familiares.
Di dos pasos.
Su siguiente frase me detuvo.
—Julian no sólo te dejó por Serena.
Me giré.
La expresión de Nikolai había cambiado.
—¿Qué significa eso?
Sacó el teléfono y abrió una fotografía.
Julian aparecía entrando en un restaurante con mi padre.
La fecha era de tres semanas atrás.
—¿Qué hacían juntos?
—Negociando.
—¿Negociando qué?
Nikolai guardó el teléfono.
—A ti.
Sentí un escalofrío.
—Explícate.
—Tu padre tiene problemas financieros. Graves. Julian necesitaba el apoyo empresarial de los Hart para la votación del consejo. Tu matrimonio solucionaba ambos problemas.
—Entonces ¿por qué Serena?
—Porque tu hermana le ofreció algo que tú nunca aceptarías.
—¿Qué?
—Control.
Nikolai se acercó un poco.
—Serena aceptó firmar un acuerdo que permitiría a Julian administrar las acciones de tu familia después del matrimonio.
Mi respiración se detuvo.
Yo poseía una parte importante de esas acciones.
Mi abuela me las había dejado directamente.
—No puede tocar las mías.
—Exactamente.
Ahora comprendía.
Yo siempre había hecho preguntas.
Revisaba contratos.
Nunca firmaba sin leer.
Serena, en cambio, había pasado años dejando que nuestro padre administrara prácticamente todo.
—¿Mi padre sabe esto?
Nikolai no respondió.
No necesitaba hacerlo.
Desde el salón llegó una nueva ronda de aplausos.
Julian y Serena seguían celebrando.
Mientras yo descubría que quizá mi propia familia había participado en mi reemplazo.
—¿Y qué ganas tú casándote conmigo?
—Una esposa.
—No me insultes.
La mirada de Nikolai se endureció.
—Tu apellido tiene peso. Tus acciones tienen peso. Y, a diferencia de mi hermano, no voy a fingir que eso no me interesa.
Su sinceridad me desconcertó.
—Entonces sí quieres utilizarme.
—Quiero hacer un trato contigo.
—¿Cuál?
—Un año.
Parpadeé.
—¿Qué?
—Nos casamos durante un año. Tus bienes siguen siendo tuyos. Los míos siguen siendo míos. Ninguno controla las cuentas del otro.
Hizo una pausa.
—Y cuando termine ese año, si quieres marcharte, nadie te detendrá.
—¿Y durante ese año?
—Nadie vuelve a tratarte como lo hicieron esta noche.
Me reí.
—¿Eso es una amenaza?
—No para ti.
Antes de que pudiera responder, escuchamos pasos.
Mi madre apareció al final del pasillo.
—Evelyn.
Entonces vio a Nikolai.
Su rostro perdió color.
—Señor Moretti.
Nikolai inclinó ligeramente la cabeza.
—Señora Hart.
Mi madre me agarró del brazo.
—Necesitamos hablar.
—Ya hablamos.
—Tu hermana está destrozada.
No pude creerlo.
—¿Serena está destrozada?
—La gente está murmurando porque te marchaste. Regresa, felicítalos y terminemos esta noche con dignidad.
Algo dentro de mí finalmente se rompió.
No con dolor.
Con claridad.
—¿Sabías que papá estaba negociando con Julian?
Mi madre se quedó inmóvil.
Fue apenas un segundo.
Pero Nikolai también lo vio.
—No sé de qué estás hablando.
—Mamá.
—No hagas esto aquí.
Ahí estaba otra vez.
La familia.
Las apariencias.
El silencio.
Nunca yo.
Nikolai habló con absoluta calma.
—Creo que Evelyn hizo una pregunta.
Mi madre lo miró con evidente miedo.
—Esto es un asunto familiar.
—Curioso.
Nikolai dejó el vaso sobre una mesa cercana.
—Hace diez minutos su hija iba a convertirse en parte de mi familia.
—Eso cambió.
—Sí.
Sus ojos se dirigieron hacia mí.
—Quizá vuelva a cambiar.
Mi madre comprendió.
—Evelyn, no.
Por primera vez aquella noche sonreí de verdad.
—¿No qué?
—No sabes quién es este hombre.
Nikolai no reaccionó.
—Sé perfectamente quién es —respondí.
—Entonces sabes que no puedes confiar en él.
La miré fijamente.
—Esta noche descubrí que tampoco puedo confiar en ustedes.
Mi madre palideció.
Regresamos al salón.
Las conversaciones murieron una tras otra.
Julian estaba junto a Serena.
Cuando vio a Nikolai caminando a mi lado, su sonrisa desapareció.
—Hermano.
—Julian.
Serena apretó el brazo de mi ex.
Yo miré el anillo que llevaba.
Mi anillo.
—Evelyn —comenzó ella—, quería explicarte…
—Quédatelo.
Miró su mano.
—¿Qué?
—El anillo. Te queda bien.
Julian frunció el ceño.
—No hagas una escena.
Me reí.

—Tú llegaste con mi hermana usando mi anillo delante de periodistas y yo soy quien está haciendo una escena.
Nikolai dio un paso adelante.
Julian inmediatamente guardó silencio.
Aquello me llamó la atención.
Mi ex podía desafiarme.
Podía desafiar a mi padre.
Pero no a su hermano.
Entonces apareció Vittorio Moretti, padre de ambos.
Un hombre de cabello plateado cuya presencia silenció incluso a los políticos cercanos.
—¿Qué ocurre?
Julian respondió primero.
—Nada.
Nikolai sonrió.
—Al contrario. Evelyn y yo tenemos un anuncio.
Lo miré.
Todavía no había aceptado.
Él lo sabía.
Toda la habitación esperaba.
Serena me observaba.
Mi madre negaba discretamente con la cabeza.
Mi padre parecía a punto de sufrir un infarto.
Y Julian…
Julian sonreía.
—Vamos, Evelyn —dijo—. No seas ridícula. Nikolai sólo intenta provocarme.
Aquella frase decidió por mí.
Me volví hacia Nikolai.
—Una condición.
Sus ojos se iluminaron.
—Dime.
—Mi dinero sigue siendo mío.
—Hecho.
—Mis acciones también.
—Hecho.
—Y nunca vuelves a tomar una decisión sobre mi vida sin preguntarme primero.
Nikolai extendió la mano.
—Acepto.
La tomé.
El murmullo recorrió el salón.
—Entonces acepto tu oferta.
Serena dejó caer su copa.
Mi madre soltó mi nombre.
Pero fue Julian quien perdió completamente el control.
—¡NO!
Todas las miradas fueron hacia él.
Nikolai giró lentamente.
—¿Algún problema, hermano?
Julian avanzó.
—Ella era mi prometida.
—Hace veinte minutos dijiste delante de Chicago que habías elegido a Serena.
—Esto no tiene nada que ver contigo.
Nikolai sonrió sin humor.
—Ahora tiene todo que ver conmigo.
Vittorio Moretti observaba la escena en silencio.
Entonces preguntó:
—Nikolai, ¿comprendes lo que significaría ese matrimonio para la votación?
—Perfectamente.
El rostro de Julian cambió.
Y finalmente entendí.
Aquello era mucho más grande que una boda.
Si yo me casaba con Nikolai, mis acciones y mis conexiones empresariales podían inclinar alianzas que Julian necesitaba desesperadamente.
Serena también lo comprendió.
—Papá —susurró.
Mi padre no respondió.
Nikolai me ofreció el brazo.
—¿Nos vamos?
Estaba a punto de aceptar cuando Penny apareció corriendo entre los invitados.
—Evelyn.
Su rostro estaba pálido.
—Necesitas ver esto.
Me entregó su teléfono.
En la pantalla había un correo enviado desde la cuenta privada de mi padre.
El destinatario era Julian.
Fecha: dos meses atrás.
Leí la primera línea.
Después la segunda.
Y sentí que toda mi recién encontrada seguridad desaparecía.
“Evelyn jamás aceptará voluntariamente. Haz que crea que Serena te la quitó.”
Levanté lentamente la mirada hacia mi padre.
Pero el correo continuaba.
“Cuando corra hacia Nikolai, tendremos exactamente lo que necesitamos.”
Mi mano comenzó a temblar.
Miré a Nikolai.
Por primera vez desde que lo había conocido, su rostro perdió aquella calma absoluta.
—¿Qué significa esto? —susurré.
Él no respondió.
Y entonces comprendí la posibilidad más aterradora de todas:
Quizá mi encuentro con Nikolai tampoco había sido una casualidad.