Parte 2: LA DUEÑA DE LA CASA

—¿Qué quieres decir? —preguntó Gu Dienshuan.

Su voz había perdido la indiferencia de hacía unos segundos.

Lo miré mientras Fang Nian permanecía detrás de él, todavía con aquella expresión frágil que durante tres años había conseguido convertir cada una de sus faltas en culpa mía.

—Exactamente lo que escuchaste.

Pasé junto a ambos y cerré la puerta del vestidor.

Gu Dienshuan me sujetó del brazo.

—Du Wan, últimamente estás muy extraña.

Bajé la mirada hacia su mano.

—Suéltame.

Quizá fue mi tono, porque obedeció.

Fang Nian aprovechó inmediatamente.

—Cuñada, si el vestido era tan importante, puedo pagarlo.

Abrí la puerta de nuevo y señalé el cubo de basura.

—Adelante.

Ella parpadeó.

—¿Cuánto costó?

—Tres millones doscientos mil yuanes.

El rostro de Fang Nian perdió todo el color.

Gu Dienshuan frunció el ceño.

—¿Estás diciendo tonterías por un vestido?

—Puedes llamar a la boutique y preguntar.

Fang Nian apretó los labios.

—Yo… ahora mismo no tengo tanto dinero.

—Entonces no destruyas cosas que no puedes pagar.

Sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas.

—Dienshuan…

Él volvió a interponerse.

—¡Ya basta! Yo lo pagaré.

Lo miré durante varios segundos.

—Perfecto. Mañana quiero el dinero.

Su expresión se endureció.

—¿Entre marido y mujer también necesitas hacer cuentas?

Casi me reí.

Qué curioso. Cuando se trataba de mis pertenencias, éramos marido y mujer. Cuando se trataba de sus privilegios, Fang Nian siempre iba primero.

—Fuiste tú quien dijo que lo compensarías.

Gu Dienshuan abrió la boca, pero su teléfono comenzó a sonar.

Aproveché para regresar al dormitorio.

Cerré la puerta.

Después miré mi pantalla.

El agente inmobiliario había enviado un mensaje.

“Señora Du, tenemos un comprador interesado. Si acepta el precio, puede firmar mañana.”

Respondí inmediatamente.

“Acepto.”

Después añadí:

“La propiedad debe quedar desocupada en tres días.”

La villa Shangri-La nunca había pertenecido a la familia Gu.

Mi abuelo la compró cuando cumplí veintidós años y la registró exclusivamente a mi nombre.

Cuando me casé con Gu Dienshuan, él propuso mudarnos allí porque estaba cerca de su empresa.

Yo acepté.

Nunca imaginé que tres años después mi marido permitiría que otra mujer actuara como dueña dentro de una casa que jamás le había pertenecido.

A la mañana siguiente bajé temprano.

Fang Nian desayunaba en mi lugar habitual.

Gu Dienshuan estaba sirviéndole leche caliente.

—Nian Nian, bébela antes de que se enfríe.

Al verme, apenas levantó los ojos.

—Du Wan, dile a la empleada que prepare otra taza.

Me senté frente a ellos.

—Hoy vendrán unas personas.

Gu Dienshuan continuó mirando su teléfono.

—¿Quiénes?

—Del servicio de administración de la propiedad.

Fang Nian sonrió.

—Qué bien. Justamente quería pedirles que cambien las cortinas de mi habitación. El color actual afecta mi sueño.

—No será necesario.

Me serví agua.

—Pronto dejarás de dormir aquí.

Su sonrisa desapareció.

Gu Dienshuan dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Otra vez?

—Du Wan, anoche ya causaste suficientes problemas.

—No estoy causando ninguno.

Antes de que pudiera continuar, sonó el timbre.

Tres hombres esperaban afuera.

Uno llevaba documentos.

Otro, herramientas.

El tercero pertenecía a la empresa de administración.

—Señora Du —saludó respetuosamente el agente—. El comprador ya realizó el depósito. Solo necesitamos su firma final.

La cuchara de Fang Nian cayó dentro del tazón.

Gu Dienshuan se levantó.

—¿Comprador?

Firmé.

—Vendí la villa.

Durante unos segundos nadie habló.

—¿Qué dijiste? —preguntó finalmente.

—Que la vendí.

Gu Dienshuan tomó los documentos.

A medida que los leía, su rostro se volvía más oscuro.

—¿Estás loca?

Fang Nian corrió hacia él.

—¿Vendió esta casa?

El agente intervino.

—La transferencia está programada. El nuevo propietario tomará posesión en setenta y dos horas.

—¡Imposible! —exclamó Gu Dienshuan—. Esta es nuestra residencia matrimonial.

—Era mi propiedad prematrimonial.

Lo miré directamente.

—Tú lo sabes.

Su mandíbula se tensó.

Claro que lo sabía.

Solo había olvidado que saberlo y aceptarlo eran cosas distintas.

—Cancela la venta.

—No.

—Du Wan.

Golpeó la mesa.

—¡Te estoy diciendo que la canceles!

Fang Nian comenzó a llorar.

—Cuñada, si hiciste esto por mí, me iré. No destruyas tu matrimonio por mi culpa.

Aquella frase casi merecía un aplauso.

—No te preocupes.

Tomé mi bolso.

—Mi matrimonio no necesita tu ayuda para destruirse.

Gu Dienshuan me siguió hasta la entrada.

—¿Dónde vas?

—A ocuparme de mis asuntos.

—¿Qué asuntos puedes tener?

Me detuve.

Durante tres años había permitido que creyera que mi vida comenzaba y terminaba en aquella casa.

No sabía que las inversiones que mi abuelo dejó a mi nombre habían crecido.

No sabía que yo conservaba participaciones en varias empresas.

Y definitivamente no sabía que una de ellas acababa de convertirse en accionista de la compañía Gu.

—Lo descubrirás pronto.

Salí.

Esa tarde firmé los últimos documentos de transferencia de mis bienes y pedí a mi abogada que preparara el divorcio.

Pero cuando regresé para recoger algunas pertenencias, encontré una escena inesperada.

Había maletas en la sala.

Por un instante pensé que Fang Nian finalmente se marcharía.

Entonces la vi bajar las escaleras.

Llevaba puesto uno de mis abrigos.

—Cuñada —dijo dulcemente—, Dienshuan piensa que vender la casa fue una decisión impulsiva. Así que decidió que nos mudaremos temporalmente a otra propiedad de la familia Gu.

—¿Nos?

—Los tres.

La miré incrédula.

Gu Dienshuan apareció detrás.

—Hasta que recuperes la razón, vivirás con nosotros.

—No iré.

—Eres mi esposa.

—Por poco tiempo.

Su expresión cambió.

Saqué del bolso el sobre preparado por mi abogada y lo coloqué sobre la mesa.

SOLICITUD DE DIVORCIO.

Fang Nian dejó de sonreír.

Gu Dienshuan miró los papeles, pero no los tocó.

—¿Estás amenazándome?

—No. Estoy informándote.

Entonces sentí un dolor repentino en el abdomen.

Instintivamente llevé una mano hacia mi vientre.

El informe del embarazo seguía escondido dentro de mi bolso.

Gu Dienshuan no lo sabía.

Nadie lo sabía.

Respiré profundamente y caminé hacia las escaleras para recoger mis últimas cosas.

Pero Fang Nian se movió primero.

—Cuñada, espera.

Su mirada cayó sobre mi bolso abierto.

Antes de que pudiera detenerla, sacó una hoja blanca que sobresalía entre los documentos.

Mi corazón se detuvo.

Fang Nian leyó la primera línea.

Sus ojos se abrieron.

Después levantó lentamente la cabeza hacia Gu Dienshuan.

—Dienshuan…

Él frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

Fang Nian apretó entre sus dedos el resultado de mi prueba de embarazo.

Y entonces ocurrió algo extraño.

En lugar de sorpresa, miedo o tristeza…

una sonrisa casi imperceptible apareció en sus labios.

—Cuñada —susurró—, qué coincidencia.

Metió lentamente la mano en su propio bolso.

—Porque hay algo sobre este bebé que creo que Dienshuan también debería saber.

Related Posts

PARTE 2: LA MUJER QUE DEBÍA MORIR

La voz del desconocido volvió a escucharse sobre mi cabeza. —Señor Blackwood, el detector marca respiración y movimiento. Hay alguien vivo ahí abajo. Durante unos segundos nadie…

PARTE 2: LA CUENTA QUE DANIEL OCULTÓ

A las ocho de la mañana siguiente, Evelyn me esperaba frente al edificio federal. —Antes de entrar, Claire, recuerda algo —dijo—. Entrega únicamente lo que puedas respaldar…

PARTE 2: EL DOCUMENTO DE IRENE

No abrí el documento inmediatamente. Primero ayudé a Irene a ponerse a salvo mientras llegaban los agentes y el personal médico. Mi madre seguía hablando. Carla también….

PARTE 2: MI COMPAÑERA INTENTÓ ROBARME A MI NOVIO, PERO TERMINÓ DESCUBRIENDO QUE ÉL HABÍA PREPARADO UNA TRAMPA PARA ELLA

Vanessa no volvió a intentar acercarse a Leo aquella noche. Al menos, no directamente. Después de la cena, caminó a mi lado hasta el dormitorio fingiendo estar…

PARTE 2: EL ARCHIVO QUE SOLO ELENA ENTENDÍA

Daniel permaneció frente a mi escritorio vacío durante casi un minuto. Después entró en su despacho. —Tráiganme el expediente de Singapur. Nadie se movió. —¿Qué ocurre ahora?…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI PROMETIDO USÓ PARA HUMILLARME TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN EL ÚNICO QUE REALMENTE ME ELIGIÓ

Marcus permaneció frente a Nathaniel con la mano extendida. —El colgante, mayor Shaw. Nathaniel no se movió. Por primera vez desde que lo conocía, vi desaparecer por…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *