Parte 2 – LA MUJER QUE REGRESÓ CON LA VERDAD

—No abras esa carta todavía, Alex.

Todo mi cuerpo se paralizó.

Conocía aquella voz.

Habían pasado casi ocho años, pero habría podido reconocerla en medio de una multitud.

Me giré lentamente.

Una mujer estaba junto a las puertas giratorias, respirando con dificultad como si hubiera corrido varias calles para llegar hasta allí.

El cabello castaño le caía sobre los hombros. Su rostro parecía más delgado y cansado de lo que recordaba.

Pero era ella.

—Emily…

Lucas y Noé corrieron hacia ella.

—¡Mamá!

Emily Carter los abrazó con fuerza antes de mirarme.

Durante años había intentado convencerme de que aquella mujer ya no significaba nada.

Había mentido.

—¿Son míos? —pregunté.

Emily cerró los ojos.

—Sí.

Una sola palabra.

Y siete años de mi vida acababan de desaparecer.

—Subamos.

No pregunté.

Ordené.

Minutos después estábamos en mi oficina. Margaret mantuvo alejados a empleados y curiosos mientras los gemelos descubrían fascinados la maqueta de la Sterling Tower.

Yo permanecí frente a Emily.

—Explícamelo.

Ella señaló el sobre.

—Primero lee eso.

Saqué la carta.

Reconocí inmediatamente la fecha.

Ocho años atrás.

“Alex, estoy embarazada.”

Tuve que detenerme.

Mis manos comenzaron a temblar.

Seguí leyendo.

Emily explicaba que había descubierto el embarazo pocas semanas después de nuestra última discusión. Había intentado llamarme. Había enviado mensajes. Incluso había ido al apartamento donde vivía entonces.

Pero alguien siempre respondía por mí.

Mi padre.

Richard Sterling.

Levanté la mirada.

—¿Mi padre sabía?

Emily no respondió inmediatamente.

Eso fue suficiente.

—¿Mi padre sabía que estabas embarazada?

—Sí.

Sentí una presión brutal en el pecho.

Richard Sterling había muerto hacía cuatro años.

Hasta aquel momento yo había llorado su muerte como la de un hombre difícil, pero honorable.

Emily abrió su bolso y dejó varios documentos sobre mi escritorio.

—Tu padre me encontró antes de que pudiera hablar contigo. Me dijo que estabas negociando la inversión que convertiría Sterling Industries en lo que es hoy. Según él, un embarazo destruiría tus planes.

—Jamás habría elegido la empresa sobre mis hijos.

—Lo sé ahora.

Aquellas palabras dolieron más de lo que esperaba.

—¿Y entonces?

—Me ofreció dinero.

—¿Aceptaste?

Emily me miró con furia.

—No.

Lucas levantó la cabeza desde el otro lado de la oficina.

Emily bajó inmediatamente la voz.

—Me negué. Entonces cambió de estrategia.

Sacó otro documento.

Era un informe médico.

Mi nombre aparecía arriba.

Debajo había resultados de laboratorio que no entendí completamente.

—¿Qué es esto?

—Tu padre dijo que habías descubierto que eras estéril y que sabías que los niños no podían ser tuyos.

Sentí que el mundo se inclinaba.

—Mi accidente ocurrió meses después.

—Lo sé.

Nos miramos.

El mismo pensamiento apareció entre nosotros.

Alguien había creado pruebas de mi supuesta infertilidad antes de que existiera siquiera una razón médica para diagnosticarla.

—Emily, después del accidente los médicos también me dijeron que probablemente nunca podría tener hijos.

—Precisamente.

Se me helaron las manos.

—¿Estás diciendo que alguien manipuló ambos informes?

—Estoy diciendo que llevo siete años intentando descubrirlo.

Antes de que pudiera responder, Noé apareció a mi lado.

—Mamá, ¿podemos contarle lo del señor malo?

Emily palideció.

—Noé…

Me agaché.

—¿Qué señor?

El niño miró a su madre buscando permiso.

Emily negó lentamente.

Pero Lucas intervino.

—El hombre que nos seguía.

Todo instinto dentro de mí se activó.

—¿Alguien los estaba siguiendo?

Emily respiró profundamente.

—Por eso estamos aquí.

Caminó hacia la ventana.

—Hace tres semanas alguien entró en nuestra casa.

—¿Llamaste a la policía?

—No robaron dinero, joyas ni computadoras.

—Entonces ¿qué buscaban?

Emily me miró.

—Los certificados de nacimiento de los niños.

El silencio cayó sobre la oficina.

—Después recibí esto.

Me entregó una fotografía.

Lucas y Noé aparecían saliendo de su escuela.

Tomada desde lejos.

En la parte posterior había una frase escrita:

“STERLING NO NECESITA HEREDEROS.”

Sentí algo que rara vez experimentaba.

Miedo.

No por mí.

Por ellos.

Me dirigí al teléfono.

—Margaret, cierra este piso. Nadie entra ni sale sin mi autorización. Duplica la seguridad.

Emily se acercó.

—Alex, espera.

—Alguien está amenazando a mis hijos.

Fue la primera vez que pronuncié aquellas palabras.

Mis hijos.

Lucas sonrió.

Noé también.

Tuve que apartar la mirada un instante.

—Necesitamos una prueba de ADN —dijo Emily.

—La tendremos.

—No porque dude de quién es su padre.

Su expresión se endureció.

—Porque necesitamos algo que nadie pueda manipular.

Dos horas después, mi médico personal llegó a la torre.

Las muestras se tomaron delante de nosotros.

Ordené utilizar dos laboratorios independientes.

Pero antes de que el médico pudiera marcharse, Margaret entró.

Estaba pálida.

—Alex, tenemos un problema.

—¿Qué ocurre?

—Hay alguien abajo preguntando por los niños.

Emily agarró inmediatamente las manos de Lucas y Noé.

—¿Quién?

Margaret me mostró una imagen de las cámaras de seguridad.

Un hombre de unos sesenta años esperaba en el vestíbulo.

Emily retrocedió.

—Dios mío.

—¿Lo conoces?

—Ese hombre trabajaba para tu padre.

Mi teléfono sonó.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Sí?

Una voz masculina habló tranquilamente.

—Señor Sterling, debería preguntarse por qué dos laboratorios distintos confirmaron su infertilidad después del accidente.

Miré a Emily.

—¿Quién habla?

El hombre ignoró la pregunta.

—Y debería preguntarse algo más importante.

—¿Qué?

Hubo una pausa.

Por qué su accidente ocurrió exactamente una semana después de que su padre descubriera que Emily había dado a luz a dos niños.

La llamada terminó.

No pude moverme.

Emily estaba llorando.

—Alex…

Entonces Margaret recibió un mensaje en su teléfono.

Su rostro perdió todo color.

—Los resultados preliminares llegaron.

—¿Tan rápido?

—El laboratorio marcó una coincidencia genética urgente.

Tomé el teléfono.

Probabilidad de paternidad: 99,99 %.

Mis rodillas casi cedieron.

Lucas y Noé eran mis hijos.

Pero había otra alerta debajo.

Una coincidencia adicional en la base de datos médica.

Leí el nombre.

Y dejé caer el teléfono.

—Eso es imposible.

Emily lo recogió.

Entonces ella también se quedó inmóvil.

Porque el sistema indicaba que los gemelos compartían ADN con otro miembro directo de la familia Sterling que oficialmente llevaba más de cuatro años muerto.

Mi padre.

Y en ese mismo instante, las puertas privadas del ascensor se abrieron.

Lucas miró hacia ellas.

Su sonrisa desapareció.

—Mamá…

Noé se escondió detrás de Emily.

Ese es el hombre que nos seguía.

Levanté la mirada.

Y el desconocido que había trabajado para mi padre entró sosteniendo una vieja carpeta médica con mi nombre.

—Señor Sterling —dijo—, su padre me ordenó entregarle esto únicamente si algún día conocía a los gemelos.

Dejó la carpeta sobre mi escritorio.

En la portada había una fecha.

La misma noche de mi accidente.

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