PARTE 2: EL SECRETO QUE ETHAN YA NO PODÍA OCULTAR.

Durante varios segundos nadie dijo una palabra.

El anillo permanecía abierto sobre la mesa, atrapando la luz cálida del restaurante.

Seis meses atrás, habría dado cualquier cosa por verlo.

Ahora solo veía un objeto hermoso llegando demasiado tarde.

Adrian seguía de pie frente a mí.

—Claire, dime algo.

Cerré lentamente la caja.

—Llegaste seis meses tarde.

Su expresión cambió.

—Podemos arreglarlo.

—No hay nada que arreglar.

—Tres años no desaparecen porque hayas conocido a alguien más.

Ethan se tensó a mi lado.

Adrian lo notó.

—Ella y yo tenemos una historia que tú no entiendes.

Ethan se levantó.

—Quizá no la entiendo.

Su voz fue tranquila.

—Pero entiendo perfectamente cuando una mujer dice que no.

Adrian soltó una risa amarga.

—¿Ahora vas a defenderla de mí?

—No necesita que la defienda. Solo estoy evitando que conviertas esto en algo más incómodo.

Adrian me miró.

—¿De verdad vas a dejar que hable por ti?

Aquella frase me recordó demasiadas discusiones antiguas.

Siempre hacía lo mismo.

Convertía cualquier límite que yo intentara establecer en una prueba de que alguien me manipulaba.

Me levanté.

—Ethan no habla por mí.

Tomé la caja y la empujé hacia Adrian.

—Yo estoy diciéndote que no.

—No quiero volver contigo.

Por primera vez, pareció comprenderlo.

No era un juego.

No intentaba castigarlo.

No esperaba que insistiera.

Simplemente había terminado.

Pero entonces Adrian miró a Ethan y algo en su rostro se endureció.

—¿Ella sabe?

Ethan perdió la sonrisa.

Sentí un pequeño escalofrío.

—¿Saber qué?

—Adrian —advirtió Ethan.

Demasiado tarde.

Lo miré.

—¿Qué debería saber?

Ethan pasó una mano por su cabello.

—Claire, puedo explicarlo.

Mi estómago se cerró.

No era una frase que quisiera escuchar de ningún hombre.

—Entonces explica.

Adrian volvió a sentarse.

Ahora parecía extrañamente satisfecho.

—Vamos, Ethan. Cuéntale por qué empezaste a acercarte a ella.

—Cállate.

—¿Por qué? Hace un minuto eras el novio perfecto.

—¡Adrian!

El golpe de la voz de Ethan hizo que todos guardaran silencio.

Me aparté de él.

—Quiero saberlo.

Ethan me miró.

Había culpa en sus ojos.

Y eso me asustó más que cualquier cosa que Adrian pudiera decir.

—La primera vez que te vi —comenzó Ethan— no fue cuando nos presentaron en aquella exposición.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces cuándo?

—Hace casi dos años.

Adrian cerró los ojos.

Ethan continuó.

—Adrian tenía una fotografía tuya en su oficina.

Lo miré sin entender.

—¿Una fotografía mía?

—Hablaba de ti algunas veces. No decía tu nombre, pero yo sabía que había alguien.

Adrian golpeó la mesa.

—No tienes derecho a contar esto.

—Tú abriste la puerta.

Ethan volvió a mirarme.

—Cuando ustedes terminaron, Adrian vino a verme.

—¿Para qué?

Nadie respondió inmediatamente.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Para qué, Ethan?

—Para pedirme que averiguara cómo estabas.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Qué?

—No quería llamarte. Su orgullo no se lo permitía. Quería saber si estabas saliendo, si habías cambiado de trabajo, si todavía preguntabas por él…

Miré a Adrian.

—¿Mandaste a tu amigo a vigilarme?

—No fue así.

—¿Entonces cómo fue?

Adrian se levantó.

—Estaba preocupado por ti.

Solté una risa incrédula.

—Estabas preocupado por saber si seguía esperando.

No respondió.

Eso fue suficiente.

Volví hacia Ethan.

—¿Y tú aceptaste?

Su silencio me dio la respuesta.

Retrocedí.

De pronto recordé nuestra primera conversación.

La cafetería.

La exposición.

La coincidencia de que conociera al mismo autor que yo.

La facilidad con la que parecía comprender lo que necesitaba.

—Dios mío.

—Claire…

—¿Nuestra primera cita también fue parte de esto?

—No.

—¿La exposición?

Ethan bajó la mirada.

—Sí.

Sentí una presión dolorosa en el pecho.

Adrian sonrió con amargura.

—Ahí tienes a tu novio perfecto.

Giré hacia él.

—No pareces entender que esto tampoco te hace quedar bien.

Su sonrisa desapareció.

Tomé mi bolso.

—Me voy.

Ethan intentó seguirme.

—Claire, espera.

—No.

—Déjame terminar.

—Llevamos cuatro meses juntos y nunca pensaste que debía saberlo.

—Porque después de conocerte todo cambió.

Me detuve.

—¿Qué cambió?

Ethan respiró profundamente.

—Se suponía que debía hablar contigo un par de veces y decirle a Adrian cómo estabas.

—¿Y lo hiciste?

—Al principio.

Aquellas dos palabras me atravesaron.

—¿Qué le contaste?

—Nada privado. Solo que parecías estar bien.

Adrian soltó una carcajada.

—Eso es mentira.

Ethan giró hacia él.

—Cuidado.

—Cuéntale todo.

—Adrian, basta.

—Cuéntale por qué dejaste de responder mis llamadas.

Los dos hombres se miraron.

Había algo más.

Algo que ninguno quería decir.

—Ethan.

Él cerró los ojos.

—Porque me enamoré de ti.

La habitación quedó en silencio.

—La tercera vez que nos vimos ya no quería saber nada para Adrian. Quería conocerte yo.

Su voz se quebró ligeramente.

—Y cuando me dijiste que sí a aquella primera cena, decidí que jamás volvería a contarle nada sobre ti.

Adrian apretó los puños.

—Decidiste robarme a la mujer que amaba.

—¡Tú la abandonaste!

—¡Porque necesitaba tiempo!

—No. Porque estabas convencido de que ella siempre estaría disponible cuando decidieras regresar.

Adrian dio un paso hacia Ethan.

—Sabías que quería recuperarla.

—Después de seis meses.

—¡Era mi novia!

Entonces hablé.

—No soy propiedad de ninguno de los dos.

Ambos callaron.

Tomé mi abrigo.

—Adrian, tú me perdiste porque nunca supiste valorarme.

Después miré a Ethan.

—Y tú acabas de perder mi confianza porque nuestra relación comenzó con una mentira.

Ethan palideció.

—Claire, por favor.

—Necesito estar sola.

Salí del salón.

Esta vez nadie intentó detenerme.

Llegué al ascensor y presioné el botón.

Las puertas comenzaron a abrirse cuando escuché pasos detrás.

Pensé que sería Ethan.

Era Adrian.

—Claire.

—No me sigas.

—Hay algo que todavía no sabes.

Entré al ascensor.

Adrian puso una mano entre las puertas antes de que se cerraran.

—No quiero escucharlo.

—Deberías.

Su rostro ya no mostraba rabia.

Solo miedo.

—Porque Ethan no te contó la verdadera razón por la que aceptó acercarse a ti.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—Ya lo hizo.

Adrian negó lentamente.

—No.

Sacó su teléfono.

Abrió una conversación antigua y me mostró un mensaje fechado dos semanas después de nuestra ruptura.

Era de Ethan.

“Lo haré. Pero si descubro que ella tiene los documentos, el acuerdo cambia.”

Lo miré sin comprender.

—¿Qué documentos?

Adrian guardó silencio.

—¿Qué documentos, Adrian?

Antes de que pudiera responder, una voz sonó detrás de él.

—No se lo digas.

Ethan estaba al final del pasillo.

Pero ya no parecía preocupado por nuestra relación.

Parecía aterrorizado.

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