PARTE 2: CUANDO LE ENTREGUÉ EL DIVORCIO DELANTE DE SU EXNOVIA, ETHAN DESCUBRIÓ QUE EL SEGUNDO DOCUMENTO DEL SOBRE PODÍA COSTARLE MUCHO MÁS QUE NUESTRO MATRIMONIO.

Ethan no apartó los ojos de la primera página.

SOLICITUD DE DIVORCIO.

Durante unos segundos, el ruido de la conferencia pareció desaparecer.

—Valeria.

Pronunció mi nombre con una advertencia contenida.

—Guárdalo.

—No.

—Hablaremos en casa.

—Ya no tenemos nada que hablar allí.

Clara apretó el ramo contra el pecho.

—Quizá debería dejarlos solos.

La miré.

—No hace falta. En realidad, tu presencia hace todo mucho más sencillo.

Su expresión se endureció apenas un segundo.

Ethan cerró el sobre.

—¿Estás haciendo esto por la inversión?

—No.

Aquella respuesta pareció sorprenderlo.

—La inversión solo consiguió que entendiera algo.

—¿Qué?

—Que llevo años compitiendo por lugares que nunca debí tener que disputar.

Mi padre.

Mi familia.

Mi matrimonio.

Lo miré directamente.

Ya no quiero ganar, Ethan. Quiero salir del juego.

Los periodistas empezaban a observarnos.

Ethan tomó mi brazo.

—Ven conmigo.

Me solté.

—No vuelvas a tocarme como si todavía pudieras decidir por mí.

Su rostro cambió.

Entonces abrió nuevamente el sobre.

—¿Qué más hay aquí?

Había encontrado el segundo documento.

Clara también lo vio.

Y palideció.

Ethan leyó el encabezado.

NOTIFICACIÓN DE RETIRADA DE DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL Y SUSPENSIÓN DE LICENCIA.

Levantó la mirada.

—¿Qué significa esto?

—Exactamente lo que dice.

Pocas personas sabían que antes de casarme había trabajado durante años como guionista bajo seudónimo.

Menos aún sabían que uno de mis primeros proyectos nunca llegó a producirse.

Se llamaba Las cenizas de abril.

Había registrado el tratamiento, la estructura narrativa y dos versiones completas del guion seis años atrás.

Lo había abandonado después de la muerte de mi madre.

Hasta que, tres semanas antes, vi el avance promocional de la película de Clara.

El mismo conflicto central.

La misma estructura.

Incluso una escena específica que yo había escrito a los veintisiete años.

—La película que acabas de financiar —dije— contiene material que me pertenece.

Ethan se quedó inmóvil.

Clara reaccionó.

—Eso es absurdo.

Me volví hacia ella.

—¿Seguro?

—Mi guion es original.

—Entonces no tendrás problemas cuando los abogados comparen las versiones.

El color desapareció de su rostro.

Ethan la miró.

—Clara.

—No la escuches. Está intentando destruirme porque…

—¿Porque qué?

Sonreí.

—¿Porque soy la esposa celosa?

Ella calló.

Saqué mi teléfono.

—Mi obra fue registrada años antes de que regresaras al país. Tengo borradores con fechas, correos electrónicos y depósitos legales.

Ethan miró nuevamente el documento.

—¿Cuándo descubriste esto?

—Hace tres semanas.

—¿Y no me dijiste nada?

Aquello casi me hizo reír.

—Hace dos meses te pedí que dejaras de apoyar su proyecto.

—No mencionaste plagio.

—No. Te hablé como tu esposa.

Hice una pausa.

Ahora estoy hablando como propietaria de los derechos que tu empresa decidió explotar sin verificar correctamente.

Su mandíbula se tensó.

Por primera vez, aquello ya no era un conflicto sentimental.

Era empresarial.

Y Ethan entendía perfectamente ese idioma.

—Necesito revisar las pruebas.

—Tus abogados recibirán todo.

Clara dio un paso hacia mí.

—Valeria, tú me enseñaste ese proyecto hace años.

La miré.

Acababa de cometer un error.

—¿Perdón?

Se quedó congelada.

—Quiero decir…

—Acabas de afirmar que nunca habías visto mi trabajo.

Ethan giró lentamente hacia ella.

—Clara.

—No fue así.

—¿Viste el guion?

—Solo algunas páginas.

—¿Cuándo?

Clara apretó los labios.

Yo recordaba perfectamente cuándo.

Años atrás, cuando todavía intentaba mantener una relación civilizada con mi padre, dejé una copia impresa en su despacho.

Desapareció.

Samuel aseguró que probablemente yo misma la había perdido.

Nunca volví a pensar en aquello.

Hasta ahora.

—Estaba en casa de papá —dije.

Clara bajó la mirada.

Eso bastó.

Ethan guardó los documentos.

—La conferencia terminó.

Clara lo miró desesperada.

—Ethan…

—He dicho que terminó.

Me marché sin esperar.

Aquella noche no regresé a nuestra casa.

Dormí en un apartamento que había alquilado semanas antes.

A las dos de la madrugada Ethan llamó.

No contesté.

A las tres volvió a llamar.

A las siete había diecinueve mensajes.

El último decía:

«Necesito saber si de verdad quieres divorciarte.»

Respondí:

«Sí.»

Nada más.

A las nueve me llamó mi abogada.

—Crawford Group ha suspendido temporalmente la distribución del material promocional.

—Rápido.

—Tienen mucho dinero en juego.

—Lo sé.

—Y encontramos algo más.

Me incorporé.

—¿Qué?

—La versión del guion entregada por Clara al estudio incluye metadatos de un archivo anterior.

—¿Anterior a qué?

—A la fecha en que afirma haber comenzado a escribir.

Sentí frío.

—¿De quién era el archivo?

—Todavía estamos verificándolo.

La respuesta llegó esa tarde.

El archivo original había sido creado en un ordenador registrado años atrás a nombre de Samuel Morgan.

Mi padre.

Lo llamé inmediatamente.

—¿Le diste mi guion a Clara?

Silencio.

—Valeria…

—Contesta.

—Solo era un borrador.

Cerré los ojos.

—Era mío.

—Clara necesitaba una oportunidad.

Aquella frase destruyó lo último que quedaba.

—¿Así que le diste mi trabajo?

—Tú ya tenías una buena vida. Estabas casada con Ethan. Clara necesitaba construir algo propio.

Me reí.

Una risa vacía.

—Construir algo propio robándome lo mío.

—No lo llames así.

—¿Cómo quieres que lo llame?

Mi padre perdió la paciencia.

—¡Tu hermana siempre tuvo que vivir bajo tu sombra!

—No es mi hermana.

Colgué.

Una hora después, Ethan apareció en mi apartamento.

No sabía cómo había conseguido la dirección.

No lo invité a entrar.

—Clara admitió que Samuel le dio el material —dijo.

—Ya lo sé.

—He detenido la inversión.

Aquellas eran las palabras que dos meses antes habría dado cualquier cosa por escuchar.

Ahora no significaban nada.

—Bien.

Ethan me observó.

—¿Eso es todo?

—¿Qué esperabas?

—Hice lo que me pediste.

—No.

Negué lentamente.

—Lo hiciste cuando dejó de ser rentable apoyarla.

La frase lo golpeó.

—Eso no es justo.

—Es completamente justo.

Ethan bajó la voz.

—No quiero divorciarme.

—Yo sí.

—Valeria…

—Cuando te dije que aquello me destruía, elegiste su proyecto.

Lo miré.

—Cuando descubriste que su proyecto podía destruir a Crawford Group, elegiste detenerlo. No me elegiste a mí en ninguna de las dos ocasiones.

No tuvo respuesta.

Cerré la puerta.

Pensé que lo peor ya había ocurrido.

Me equivocaba.

Dos días después, mi abogada pidió verme personalmente.

Sobre su escritorio había una copia de los registros de financiación de la película.

—Hay algo que no encaja —dijo.

—¿Qué?

—La inversión de Crawford Group no comenzó cuando Clara regresó.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces cuándo?

Deslizó un documento hacia mí.

La primera transferencia había ocurrido tres años antes.

Mucho antes del supuesto proyecto cinematográfico.

—¿Quién autorizó esto?

Mi abogada señaló la firma.

Ethan Crawford.

Sentí que el pecho se me cerraba.

—Eso significa que…

—Que Ethan llevaba financiando algo relacionado con Clara mucho antes de lo que te contó.

Pasé a la segunda página.

Pagos de matrícula.

Alojamiento en Los Ángeles.

Una productora pequeña.

Viajes.

Cantidades periódicas.

Todo procedente de una estructura vinculada a Crawford Group.

Entonces vi una fecha.

La semana de nuestro aniversario.

Ethan me había dicho que estaba en Singapur negociando una adquisición.

El pago correspondía a un hotel de Los Ángeles.

Dos huéspedes.

Ethan Crawford. Clara Hayes.

Mi teléfono empezó a sonar.

Era Ethan.

Lo dejé sonar.

Después llegó un mensaje de un número desconocido.

Una fotografía.

Ethan y Clara entrando juntos en aquel hotel.

Tres años atrás.

Debajo había una frase:

«Si quieres saber por qué tu esposo realmente se casó contigo después de que Clara lo abandonara, pregúntale qué ocurrió en Los Ángeles aquella noche.»

Y por primera vez comprendí que la película quizá nunca había sido el verdadero secreto que Ethan intentaba proteger.

Related Posts

Parte 2: VIVIAN HABÍA OCUPADO MI CASA, PERO EL EXPEDIENTE QUE ME ENTERRÓ DURANTE TRES AÑOS EMPEZÓ A DESMORONARSE

Vivian Hart seguía siendo hermosa. Tres años no parecían haber pasado por ella. Abrigo color crema, cabello perfectamente recogido, pendientes que reconocí inmediatamente porque habían pertenecido a…

Parte 2: EL VASO REVELÓ LA VERDAD Y SEBASTIÁN DESCUBRIÓ POR QUÉ LORENA NECESITABA DEJARLO CIEGO

Sebastián no cerró los ojos en toda la noche. A las seis de la mañana, Lorena se levantó como siempre, le besó la frente y bajó a…

Parte 2: LA NIÑA SEÑALÓ AL VERDADERO CULPABLE Y OCTAVIO DESCUBRIÓ QUE EL VENENO ERA SOLO EL PRINCIPIO

—¡Yo vi quién puso las gotas! El grito de Renata atravesó el corredor. Mariana dejó de forcejear con los guardias. Octavio levantó una mano. —Esperen. Los hombres…

Parte 2: LA LIMUSINA SE DETUVO Y DAVID DESCUBRIÓ LOS TRES SECRETOS QUE EMILY LE HABÍA OCULTADO

La limusina negra avanzó lentamente por el camino de entrada hasta detenerse frente a la escalinata del hotel. Las conversaciones comenzaron a apagarse. David entrecerró los ojos….

Parte 2: EL SECRETO DE ROSE HOUSE Y LA MUJER QUE ADRIAN NUNCA CONOCIÓ

El tren llevaba casi una hora avanzando hacia el sur cuando comprendí que Adrian no había regresado a Port Avalon por casualidad. Miré otra vez el mensaje….

Parte 2: EL DIVORCIO QUE CONVIRTIÓ A SU MARIDO EN OBJETIVO DE UNA INVESTIGACIÓN FEDERAL

Al otro lado de la línea hubo tres segundos de silencio. —Presente el informe, coronel —respondió Mercer. Aquellas cuatro palabras cambiaron todo. Abrí el teléfono seguro y…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *