PARTE 2: MI MARIDO SABÍA QUE SU MADRE INTENTARÍA ROBARLO TODO, Y PREPARÓ SU ÚLTIMA JUGADA.

La imagen de Ethan llenó la enorme pantalla.

Llevaba la camisa azul que yo le había regalado por nuestro aniversario.

Parecía cansado.

Pero estaba vivo.

Tan vivo que durante un segundo olvidé respirar.

Entonces habló.

Si están viendo este video durante mi funeral, significa que mi madre hizo exactamente lo que temía.

Evelyn cayó al suelo.

Madison gritó:

—¡Mamá!

Varias personas corrieron hacia ella.

Yo no pude moverme.

Mis ojos permanecieron clavados en Ethan.

—Sarah —continuó—, primero necesito decirte algo. Perdóname por no haberte contado todo.

Las lágrimas comenzaron a caerme.

—Durante los últimos seis meses descubrí movimientos financieros extraños dentro de Carter Holdings. Al principio pensé que eran errores administrativos.

Su expresión se endureció.

—No lo eran.

La catedral quedó completamente silenciosa.

—Alguien estaba retirando dinero mediante sociedades controladas por miembros de mi familia.

Madison dejó de atender a su madre.

Sterling abrió una carpeta.

Ethan continuó:

—Cuando empecé a investigar, descubrí que mi madre había falsificado autorizaciones utilizando mi firma.

Evelyn abrió los ojos desde el suelo.

—¡Mentira!

Sterling ni siquiera la miró.

En la pantalla aparecieron documentos bancarios.

Transferencias.

Firmas.

Empresas.

—También descubrí que intentaba convencer al consejo de que Sarah se había casado conmigo únicamente por dinero.

Mi mano volvió instintivamente hacia mi vientre.

—Por eso preparé este mensaje.

Ethan hizo una pausa.

—Y por eso ordené realizar una prueba de ADN auténtica antes de mi muerte.

La cabeza de Evelyn se levantó bruscamente.

Sentí que el corazón se detenía.

Sterling sacó un sobre sellado.

—El documento presentado hoy por la señora Carter es falso.

Los murmullos explotaron.

—¡No! —gritó Evelyn.

Sterling levantó el verdadero informe.

—La prueba fue realizada utilizando una muestra genética del señor Carter conservada legalmente.

Abrió el documento.

Probabilidad de paternidad: 99,99%.

Me cubrí la boca.

Nuestro bebé.

El hijo de Ethan.

Siempre lo había sabido.

Pero después de aquella humillación pública, escuchar la verdad me quebró.

Madison retrocedió.

—Mamá… dijiste que era auténtico.

Evelyn no respondió.

En la pantalla, Ethan volvió a hablar.

—Sarah, nuestro hijo es mío. Nunca dudé de ti.

Cerré los ojos.

Aquellas palabras eran lo más parecido a sentir sus brazos alrededor de mí una última vez.

Pero el video todavía no había terminado.

—Ahora viene la parte que probablemente enfadará mucho a mi madre.

Algunas personas miraron hacia Evelyn.

—Hace tres meses modifiqué mi testamento.

Su rostro se volvió ceniciento.

—No —susurró.

Sterling sacó otro documento.

Ethan continuó:

—Mi madre no heredará mis acciones.

Evelyn se levantó tambaleándose.

—¡Soy tu madre!

La grabación siguió indiferente.

—Madison tampoco recibirá participación alguna en Carter Holdings.

Mi cuñada palideció.

—¿Qué?

—Todas mis acciones personales, propiedades y derechos de voto pasarán a un fideicomiso creado para Sarah y nuestro hijo.

Evelyn lanzó un grito.

—¡Apaga eso!

Intentó alcanzar el proyector.

Dos miembros de seguridad la detuvieron.

—¡Ese testamento es inválido!

Sterling habló por primera vez.

—Fue firmado ante tres testigos y certificado seis semanas antes del accidente.

—¡Él no estaba en condiciones!

—Tenemos también evaluación médica.

Evelyn se quedó sin argumentos.

Entonces Ethan dijo algo inesperado.

—Pero si mi madre está intentando expulsar a Sarah durante mi funeral, Sterling tiene instrucciones adicionales.

El abogado me miró.

Yo tampoco sabía nada.

Debe entregar inmediatamente a las autoridades la evidencia financiera que reuní.

La catedral estalló.

Evelyn se quedó inmóvil.

—¿Autoridades?

Sterling levantó su teléfono.

—Ya están aquí.

Las puertas volvieron a abrirse.

Entraron dos investigadores acompañados por agentes.

Madison comenzó a llorar.

—Mamá, ¿qué hiciste?

Evelyn parecía incapaz de escucharla.

Solo me miraba.

Con odio.

—Tú hiciste esto.

Por primera vez aquella mañana, mi miedo desapareció.

—No.

Me acerqué al ataúd.

—Lo hizo Ethan.

Evelyn quiso lanzarse hacia mí.

Los agentes la sujetaron.

Su bolso cayó al suelo.

Y algo rodó por el mármol.

Mi anillo.

Sophie, una prima de Ethan, lo recogió y me lo entregó.

Lo sostuve entre mis dedos.

Pero no me lo puse.

Todavía no.

Primero quería terminar de escuchar a mi esposo.

En la pantalla, Ethan respiró profundamente.

—Sarah, hay una última cosa.

Su voz cambió.

Ya no hablaba como empresario.

Hablaba como mi marido.

—Si nuestro bebé nace después de que yo haya muerto, quiero que sepa que fue deseado desde el primer instante.

Mis hombros comenzaron a temblar.

—Y quiero que tú sepas que la casa de Malibú nunca perteneció a mi madre.

Evelyn se detuvo.

Sterling me miró sorprendido.

—¿Qué?

Ethan sonrió débilmente.

La transferí legalmente a Sarah hace cinco meses.

Evelyn soltó un sonido ahogado.

Todo aquello que había intentado quitarme aquella mañana…

nunca había sido suyo.

Los agentes se la llevaron mientras ella gritaba que aquella familia le pertenecía.

Madison salió detrás de ella.

La catedral quedó en un silencio extraño.

Entonces me acerqué al ataúd.

Apoyé una mano sobre la madera.

—Gracias —susurré.

Creí que aquello era el final.

No lo era.

Sterling esperó hasta que todos comenzaron a abandonar la catedral.

Después se acercó.

Su rostro había cambiado.

—Sarah, necesito hablar contigo en privado.

—¿Sobre qué?

Miró alrededor antes de responder.

—Sobre el accidente de Ethan.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué ocurre?

Sterling sacó su teléfono.

—La policía recuperó esta mañana una grabación de una cámara de tráfico cercana al lugar donde el coche cayó por el acantilado.

Abrió una imagen.

Era el automóvil de Ethan.

Detrás aparecía otro vehículo.

Un SUV negro.

—¿Quién conducía?

Sterling amplió la matrícula.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Reconocí el número.

Era el automóvil de Evelyn.

—No fue un accidente —susurré.

Sterling negó lentamente.

—Hay algo todavía peor.

Pasó a la siguiente fotografía.

La imagen mostraba el coche de Ethan detenido junto al acantilado minutos antes de caer.

La puerta del conductor estaba abierta.

Y junto al vehículo aparecía claramente la silueta de un hombre.

Me quedé helada.

—¿Quién es?

Sterling me miró fijamente.

Eso es lo que no entendemos, Sarah. Porque creemos que ese hombre es Ethan.

Miré hacia el ataúd.

Luego hacia la pantalla congelada donde mi marido seguía sonriendo.

Y por primera vez desde que me anunciaron su muerte, una pregunta mucho más aterradora atravesó mi mente:

¿A quién estábamos a punto de enterrar?

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