PARTE 2: ETHAN CREYÓ QUE HABÍA CAMBIADO A SU ESPOSA POR UNA MUJER MÁS JOVEN, HASTA QUE EN SU FIESTA DE CUMPLEAÑOS DESCUBRIÓ QUIÉN HABÍA CONSTRUIDO REALMENTE EL IMPERIO LANCASTER.

Sophia avanzó hacia mí con una seguridad que habría resultado impresionante si no llevara puesto mi brazalete.

—Ethan dijo que lo entenderías —comentó—. Después de todo, vuestro matrimonio llevaba tiempo acabado.

Miré las pequeñas piedras de diamante alrededor de su muñeca.

—¿También te dijo que ese brazalete era mío?

Su sonrisa vaciló.

—Dijo que ya no significaba nada.

—Entonces quédatelo.

Pasé junto a ella.

No tenía intención de discutir por joyas cuando acababa de retirar algo mucho más valioso.

El futuro entero de Lancaster Group.

Cuando entré al salón principal, más de cien invitados rodeaban a Richard Lancaster.

Mi suegro parecía radiante.

Ethan apareció cinco minutos después.

Sophia entró detrás de él.

No juntos.

Todavía no.

Pero suficientemente cerca para que cualquiera atento entendiera.

Richard golpeó suavemente su copa.

—Antes de cortar el pastel, quiero anunciar algo importante.

Las conversaciones cesaron.

—Lancaster Group está entrando en la etapa más ambiciosa de sus cuarenta años de historia.

Una enorme pantalla se iluminó detrás de él.

Semiconductores.

Biotecnología.

Baterías.

Tres sectores.

Los tres sostenidos por acuerdos que yo había construido.

Richard levantó la copa.

—Y todo esto ha sido posible gracias al liderazgo extraordinario de mi hijo Ethan.

Los aplausos llenaron el salón.

Ethan sonrió.

Yo también.

Entonces mi teléfono vibró.

Mia.

Primera retirada ejecutada.

Una segunda notificación apareció.

Línea de financiación Helix cancelada.

Después otra.

Consorcio de baterías suspende negociación.

Miré a Ethan recibir felicitaciones.

No sentí satisfacción.

Sólo una extraña calma.

Richard me vio entre los invitados.

—Claire, ven aquí.

Las miradas se volvieron hacia mí.

Subí al pequeño escenario.

Mi suegro puso una mano sobre mi hombro.

—Y naturalmente debemos reconocer a Claire, que ha sido un apoyo maravilloso para Ethan.

Apoyo.

Sonreí.

—Gracias, Richard.

El director financiero apareció entonces entre los invitados.

No caminaba.

Casi corría.

Se acercó a Ethan y le susurró algo.

La sonrisa de mi marido desapareció.

Richard continuó hablando.

El teléfono del director financiero sonó otra vez.

Luego el de Ethan.

Después el de dos miembros del consejo.

Las caras comenzaron a cambiar.

—¿Qué ocurre? —preguntó Richard.

El director financiero parecía incapaz de responder delante de todos.

—Necesitamos hablar en privado.

—Habla.

—Sterling Capital acaba de retirar las líneas de financiación vinculadas al proyecto Helix.

El salón quedó en silencio.

Richard frunció el ceño.

—Eso es imposible.

—También suspendieron la financiación del consorcio NovaCell.

Otro ejecutivo se acercó.

—Tenemos un problema con BioVantage.

Richard lo miró.

—¿Qué problema?

—Se retiraron.

Ethan bajó del escenario.

—¿Los tres al mismo tiempo?

Nadie respondió.

No hacía falta.

Entonces me llegó otro mensaje.

Fase dos completada.

Ethan me miró.

Quizá fue casualidad.

Quizá vio algo en mi expresión.

—Claire.

Guardé el teléfono.

—¿Sí?

—¿Sabes algo de esto?

Sophia soltó una pequeña risa.

—Ethan, por favor. ¿Cómo podría saber Claire algo sobre Sterling Capital?

Richard no se rio.

Me estaba observando.

Durante tres años me había visto sentada en reuniones diciendo poco y escuchándolo todo.

Por primera vez parecía preguntarse por qué.

—Claire —dijo lentamente—, ¿conoces a alguien en Sterling?

—Sí.

—¿A quién?

Antes de que respondiera, las puertas del salón se abrieron.

Mia Collins entró acompañada por dos abogados.

Varias personas la reconocieron inmediatamente.

El murmullo fue instantáneo.

Richard bajó del escenario.

—Señorita Collins.

Mia estrechó su mano.

—Señor Lancaster.

—Precisamente necesitamos hablar con usted.

—Por eso estoy aquí.

Ethan se acercó.

—¿Qué está haciendo Sterling? Teníamos acuerdos.

—Tenían acuerdos sujetos a condiciones específicas.

Uno de los abogados abrió una carpeta.

—Y Sterling ha ejercido sus derechos contractuales de retirada.

Richard palideció.

—Necesito hablar con Nine.

Mia me miró.

Sólo un segundo.

Pero Ethan lo vio.

—¿Por qué la miraste?

Silencio.

Sophia dejó de sonreír.

Mia respondió con absoluta tranquilidad.

—Porque la señora Bennett debe decidir si desea hablar con ustedes.

Richard parpadeó.

—¿Claire?

Mia caminó hasta mí y me entregó una carpeta negra.

—Las retiradas principales están completadas. Quedan dos participaciones estratégicas pendientes de su autorización.

Ethan me miró como si estuviera escuchando otro idioma.

—¿Tu autorización?

Abrí la carpeta.

Firmé ambas páginas.

Se la devolví.

—Procede.

—Entendido.

Richard agarró el borde de una mesa.

—Claire… ¿qué significa esto?

Lo miré.

Había llegado el momento.

—Sterling Capital es mío.

Nadie se movió.

Ethan soltó una risa nerviosa.

—Eso no tiene gracia.

—No pretendía tenerla.

—Nine es…

Se interrumpió.

Mia terminó la frase.

Claire Bennett es Nine.

El silencio fue absoluto.

Richard se sentó.

Sophia miró primero a Ethan y después el brazalete de mi muñeca que ya no estaba allí.

Ethan negó lentamente.

—No. Durante tres años yo negocié con Sterling.

—Negociaste con Mia.

—Nine aprobaba nuestras operaciones.

—Sí.

—Entonces…

Finalmente lo comprendió.

—Eras tú.

—Siempre.

Su rostro perdió el color.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Nunca preguntaste quién estaba abriendo todas las puertas que antes estaban cerradas.

Richard intervino.

—Claire, podemos arreglar esto.

—No hay nada que arreglar.

—Somos familia.

Miré a Ethan.

—Hace diez minutos dejamos de serlo.

Sophia retrocedió.

Ethan la miró.

Por primera vez aquella noche no había amor en sus ojos.

Había miedo.

—Claire, escucha. El divorcio fue precipitado.

Casi sonreí.

—El documento estaba preparado.

—Podemos romperlo.

—Yo no quiero romperlo.

Ethan se acercó.

—¿Estás destruyendo una empresa por una infidelidad?

—No.

Negué lentamente.

—Estoy dejando de sostener una empresa que nunca fue capaz de mantenerse sola.

Mi teléfono vibró.

Mia leyó el suyo al mismo tiempo.

Su expresión cambió.

—Claire.

Había algo diferente en su voz.

—¿Qué ocurre?

Se acercó y bajó la voz.

—Encontramos algo durante la revisión final.

—¿Qué?

Me mostró la pantalla.

Era una transferencia de Lancaster Group realizada ocho meses antes.

Luego otra.

Y otra.

Millones enviados a una sociedad que no reconocía.

—¿Quién autorizó esto?

Mia amplió el documento.

La firma era de Ethan.

Pero debajo aparecía una segunda autorización.

Sophia Moore.

Levanté la mirada.

Sophia ya no estaba junto a Ethan.

Se dirigía rápidamente hacia la salida.

—Sophia —dije.

Se detuvo.

Todos la miraron.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué hiciste?

Ella negó.

—No sé de qué hablan.

Mia deslizó hasta mí otro documento.

Entonces comprendí por qué Sophia había estado tan segura de que Ethan podía divorciarse de mí.

No era sólo su amante.

Durante meses había estado moviendo dinero fuera de Lancaster Group.

Y había algo todavía peor.

La empresa receptora tenía un accionista principal.

Leí el nombre.

Mi sangre se enfrió.

Richard Lancaster.

El padre de Ethan.

Levanté lentamente la vista hacia mi suegro.

Su rostro confirmó lo que todavía no había dicho.

El divorcio no había sido únicamente idea de Ethan.

—Richard —pregunté—, ¿desde cuándo sabías que Ethan iba a dejarme?

Nadie respiró.

Mi suegro cerró los ojos.

Y Ethan giró hacia su padre.

—Papá… ¿qué hiciste?

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