PARTE 2: EL PRECIO DE LA VERDAD.

El salón permaneció completamente en silencio.

Nadie apartaba la vista de la enorme pantalla.

Las imágenes mostraban, segundo a segundo, cómo la supuesta víctima había alterado las grabaciones antes de enviarlas a la prensa.

Los murmullos comenzaron a recorrer la sala.

—Entonces… Shushiyan decía la verdad.

La joven acusadora retrocedió varios pasos.

Su rostro perdió todo el color.

—¡Ese video está manipulado!

Shushiyan soltó una risa amarga.

—¿Todavía quieres seguir mintiendo?

Sacó una pequeña memoria USB de su bolso.

—Aquí está el archivo original, extraído directamente del servidor de seguridad.

El heredero Sheng la tomó con manos temblorosas.

Ordenó al técnico proyectar la grabación completa.

Esta vez no había cortes.

No había ediciones.

No había forma de tergiversar los hechos.

Todos vieron cómo la mujer fingía la agresión y luego provocaba deliberadamente a Shushiyan para obligarla a reaccionar delante de los invitados.

La sala estalló en murmullos de indignación.

El heredero Sheng cerró los ojos.

Durante diez años había creído que Shushiyan era una mujer violenta y ambiciosa.

Durante diez años la había juzgado sin escucharla.

Se acercó lentamente.

—Shushiyan… fui yo quien te falló.

Ella lo miró con absoluta frialdad.

—No.

Negó despacio con la cabeza.

—Tú elegiste creer la mentira porque era más cómoda que buscar la verdad.

Aquellas palabras golpearon con más fuerza que cualquier bofetada.

La mujer que había organizado la trampa cayó de rodillas.

—¡Perdóname! Solo tenía miedo de perder mi lugar en esta familia.

Nadie respondió.

Los invitados comenzaron a alejarse de ella uno tras otro.

Su prestigio desaparecía ante los ojos de toda la alta sociedad.

Entonces el abogado de la familia entró apresuradamente al salón.

Llevaba una carpeta sellada.

—Joven maestro Sheng, acaban de llegar los resultados de la investigación privada que usted ordenó hace años.

El heredero frunció el ceño.

—¿Qué investigación?

El abogado abrió el expediente.

—La relacionada con el supuesto delito que destruyó la reputación de la señorita Shushiyan hace diez años.

Shushiyan sintió que el corazón se detenía.

Aquel era el origen de todas sus desgracias.

El abogado levantó lentamente la vista.

—Encontramos al verdadero responsable.

No fue ninguna de las personas presentes en esta sala.

Todos contuvieron la respiración.

El abogado colocó una fotografía sobre la mesa.

Al verla, el heredero Sheng quedó completamente paralizado.

Porque el verdadero culpable… era alguien de su propia familia que llevaba diez años viviendo bajo el mismo techo.

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