PARTE 2: LA PERSECUCIÓN.

La motocicleta rugió bajo la lluvia.

Mateo aceleró con todas sus fuerzas mientras el auto negro desaparecía entre la oscuridad de la autopista.

—¡No podemos perderlos! —gritó Sofía, aferrándose con fuerza a la cintura de su hermano.

Los neumáticos resbalaban sobre el asfalto mojado.

Cada curva podía ser la última.

A lo lejos, las luces traseras del vehículo volvieron a aparecer.

Mateo sonrió con alivio.

—Todavía están ahí.

Pero, de repente, el coche apagó todas sus luces.

La inmensa carrocería negra se fundió con la noche.

—¡Cuidado! —gritó Sofía.

El automóvil frenó de golpe.

Mateo giró el manillar en el último segundo.

La motocicleta pasó rozando el parachoques y terminó derrapando varios metros sobre la carretera.

Antes de que pudieran recuperarse, tres hombres vestidos de negro descendieron del vehículo.

Todos llevaban el rostro cubierto.

Uno de ellos apuntó directamente hacia Mateo.

—Esta es vuestra última oportunidad para marcharos.

Mateo levantó lentamente las manos.

—Solo queremos ayudar a la chica.

El hombre soltó una risa seca.

—Llegaste demasiado tarde.

En ese instante, la joven del asiento trasero logró abrir unos centímetros la puerta.

Con el rostro lleno de lágrimas lanzó algo hacia la carretera.

Era un pequeño colgante de plata.

Uno de los secuestradores la sujetó inmediatamente y volvió a cerrar la puerta de un golpe.

El coche arrancó otra vez.

Los tres hombres subieron rápidamente y desaparecieron entre la lluvia.

Sofía corrió hasta el lugar donde había caído el colgante.

Lo recogió con las manos temblorosas.

Al abrirlo descubrió una diminuta fotografía.

—Mateo… mira esto.

Él observó la imagen y sintió un escalofrío.

La joven secuestrada aparecía abrazando a un hombre vestido con uniforme de policía.

En el reverso del colgante había una inscripción grabada.

“Para mi hija Emma. Nunca dejes de confiar en tu padre. Comisario Alejandro Ruiz.”

Mateo guardó silencio.

Conocía perfectamente aquel nombre.

Alejandro Ruiz era el jefe de la brigada contra el crimen organizado.

Un policía famoso por acabar con decenas de bandas criminales.

Si aquella muchacha era realmente su hija…

Los secuestradores acababan de declarar la guerra al hombre más peligroso del departamento.

En ese mismo momento, un coche patrulla apareció detrás de ellos con las sirenas encendidas.

Los agentes descendieron apuntándolos con sus armas.

—¡Quietos! ¡Lejos de la motocicleta!

Mateo levantó las manos sin oponer resistencia.

Pero cuando el oficial principal iluminó con su linterna el colgante que Sofía sostenía entre los dedos, su expresión cambió por completo.

—¿Dónde habéis conseguido eso?

Mateo respondió sin apartar la vista del policía.

—Lo lanzó la chica que acaba de ser secuestrada.

El oficial palideció.

—Entonces ya es demasiado tarde…

Porque esa joven no era una víctima cualquiera.

Era la hija del hombre que llevaba meses infiltrado dentro de la organización criminal que acababan de seguir.

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