PARTE 2: EL DIVORCIO FUE SOLO EL PRINCIPIO.

Elena salió de la oficina sin volver la vista atrás.

Apenas cruzó la puerta, marcó un número que llevaba semanas esperando utilizar.

—Ya está firmado.

—Entendido. Podemos empezar.

Colgó y respiró profundamente.

Durante tres años había soportado desprecios, infidelidades y humillaciones.

Pero nunca había dejado de reunir pruebas.

Mientras tanto, dentro de la oficina, el director Feng rompió a reír.

—Sin mí no eres nadie.

Su amante también sonrió.

—Volverá suplicando en menos de una semana.

Sin embargo, diez minutos después, el jefe financiero irrumpió en el despacho con el rostro completamente pálido.

—Director… tenemos un problema muy grave.

—¿Qué ocurre ahora?

—Tres de nuestros principales inversionistas acaban de cancelar las negociaciones.

Feng frunció el ceño.

—Es imposible.

Antes de terminar la frase, otro ejecutivo entró corriendo.

—Los bancos han congelado temporalmente nuestra nueva línea de crédito.

El teléfono comenzó a sonar sin descanso.

Clientes cancelando pedidos.

Socios exigiendo explicaciones.

Auditores solicitando documentación urgente.

Feng sintió que todo escapaba de su control.

En ese mismo instante recibió un sobre sin remitente.

Dentro solo había una memoria USB.

La conectó al ordenador.

Aparecieron cientos de archivos.

Facturas alteradas.

Empresas pantalla.

Pagos ilegales.

Y grabaciones de reuniones privadas.

Al final de la carpeta había un único documento.

“Toda esta información ya fue entregada a las autoridades competentes.”

El director levantó la vista con desesperación.

—¡Elena!

Comprendió demasiado tarde que ella no había pedido el divorcio por orgullo.

Lo había hecho para cortar cualquier vínculo legal antes de denunciar la corrupción de la familia Feng.

Corrió hacia el ascensor.

Quería detenerla.

Pero cuando llegó al vestíbulo, vio a Elena saliendo del edificio acompañada por varios inspectores financieros y un prestigioso abogado.

Ella se volvió lentamente.

—¿Recuerdas cuando dijiste que podías regalar el collar de mi madre porque todo te pertenecía?

Feng permaneció en silencio.

—Te equivocaste.

Elena levantó una pequeña caja de terciopelo.

Dentro estaba el collar de diamantes.

La amante lo había devuelto minutos antes al enterarse de que las investigaciones podían implicarla.

—Las personas pueden traicionar.

La dignidad, no.

Los inspectores comenzaron a subir hacia las oficinas.

Feng comprendió que acababa de perder mucho más que un matrimonio.

Había firmado, con su propia mano, el comienzo de la caída definitiva de todo el imperio de la familia Feng.

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