Sicheng alzó su copa con una sonrisa serena.
—Brindemos por la verdad.
Los invitados respondieron con un aplauso educado.
Solo la tía permanecía inmóvil.
Algo en la tranquilidad del joven heredero la inquietaba.
De pronto, las enormes pantallas instaladas para la gala se encendieron.
La música cesó.
Una voz conocida llenó el salón.
—“Si el anciano firma esos documentos esta noche, la empresa será nuestra para siempre.”
La copa de la tía cayó al suelo.
Era su propia voz.
El silencio se volvió absoluto.
Después apareció una segunda grabación.
—“Cuando Sicheng viaje al extranjero, haremos desaparecer los contratos originales. Nadie podrá demostrar el fraude.”
Los asistentes comenzaron a mirarla con horror.
El patriarca golpeó con fuerza el brazo de su sillón.
—¿Qué significa todo esto?
La mujer retrocedió varios pasos.
—¡Está manipulado!
Sicheng negó lentamente.
—No.

Señaló el vestido dorado de su esposa.
—El micrófono oculto grabó cada conversación desde que llegaste a esta mansión.
La tía perdió completamente el control.
—¡No podéis demostrar que esas voces son reales!
Entonces la joven nuera abrió un pequeño compartimento oculto en el cinturón del vestido.
Sacó una tarjeta de memoria.
—Todas las grabaciones tienen fecha, hora y ubicación.
El abogado de la familia tomó la tarjeta delante de todos.
—También hay reconocimiento biométrico de voz.
El rostro de la tía quedó completamente blanco.
Pero aún no era el final.
Sicheng entregó otra carpeta al patriarca.
—Abuelo, abre la última página.
El anciano comenzó a leer.
Sus manos empezaron a temblar.
—No… esto no puede ser.
Los invitados contuvieron la respiración.
—¿Qué ocurre? —preguntó alguien.
El patriarca levantó lentamente la vista.
—Durante quince años… millones de la empresa fueron desviados a cuentas secretas.
Miró directamente a la tía.
—Las cuentas están a tu nombre.
Ella cayó de rodillas.
—Yo… puedo explicarlo.
Pero una voz sonó desde la entrada principal.
—Será mejor que se lo explique al juez.
Varios agentes de la policía económica entraron en la mansión acompañados por un fiscal.
El oficial mostró una orden judicial.
—Queda detenida por fraude, falsificación documental y apropiación indebida.
La tía rompió a llorar.
Mientras los agentes la esposaban, comenzó a reír de forma inquietante.
—Creéis que habéis ganado…
Todos la observaron.
Se volvió hacia la joven nuera.
—¿De verdad piensas que Sicheng te eligió por amor?
La sonrisa desapareció del rostro de la muchacha.
La tía soltó su última frase antes de ser sacada del salón.
—Pregúntale quién era realmente el dueño de ese vestido… y por qué estaba destinado a otra mujer.
Por primera vez en toda la noche, Sicheng bajó la mirada sin pronunciar una sola palabra.
Y su silencio confirmó que aún quedaba un secreto capaz de destruir a toda la familia.