PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE LOS SIETE HEREDEROS.

Las luces continuaron parpadeando mientras las alarmas de la mansión comenzaron a sonar.

Los escoltas desenfundaron sus armas y corrieron hacia las ventanas.

Garrick dejó de mirar a Elena.

Sus ojos se clavaron en los tres niños que temblaban de miedo.

Uno de ellos abrazaba con fuerza un viejo oso de peluche.

Era el mismo que él había comprado años atrás antes de creer que había perdido a toda su familia.

Sintió un nudo en la garganta.

—¿Dónde están los otros cuatro? —preguntó con la voz quebrada.

Elena guardó silencio durante unos segundos.

Después respondió sin apartar la vista de los niños.

—En lugares distintos.

—Nunca permití que crecieran juntos.

Garrick frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque, si encontraban a uno, encontrarían a todos.

En ese instante, el jefe de seguridad irrumpió en el despacho.

—¡Señor!

—Han derribado la puerta principal.

—Hay hombres armados dentro de la propiedad.

Garrick reaccionó de inmediato.

—Saquen a los niños por el túnel de emergencia.

Los pequeños, sin embargo, se aferraron aún más a Elena.

Ninguno quiso acercarse a él.

El mayor lo miró con desconfianza.

—Mamá dijo que los hombres malos siempre usan traje.

Aquellas palabras atravesaron el corazón de Garrick.

Comprendió que para sus propios hijos él era un desconocido.

Elena lo observó por primera vez con compasión.

—No te odian.

—Simplemente nunca tuvieron la oportunidad de conocerte.

Un fuerte estallido hizo temblar toda la mansión.

Los cristales de las ventanas explotaron.

Los atacantes ya estaban dentro.

El jefe de seguridad recibió una llamada por el auricular.

Su expresión cambió de inmediato.

—Señor…

—No vienen a matarlo a usted.

Garrick lo miró sorprendido.

—Entonces, ¿a quién buscan?

El escolta respiró profundamente antes de responder.

—Preguntan únicamente por los siete niños.

El silencio volvió a llenar el despacho.

Elena cerró los ojos.

Sabía que aquel día terminaría llegando.

Garrick la tomó del brazo.

—¿Quiénes son?

Ella levantó lentamente la mirada.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

—Los mismos hombres que asesinaron a tu padre…

—Y que llevan veinte años creyendo que tus hijos son la única llave para quedarse con toda la fortuna de la familia.

Lee la Parte 3 abajo.

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