PARTE 2: EL SECRETO DE SU PRIMER AMOR.

Ella apartó lentamente la mano de él.

Su corazón latía con una fuerza que no sentía desde hacía décadas.

—No vuelvas a decir algo así.

Él negó con la cabeza.

—Esperé veinte años para decírtelo.

Aquellas palabras la dejaron inmóvil.

—¿Veinte años?

Él respiró profundamente.

—Nunca te olvidé.

Ella intentó sonreír con incredulidad.

—Ni siquiera nos conocíamos.

Él sacó lentamente una vieja cartera de cuero.

De su interior extrajo una fotografía desgastada por el tiempo.

La colocó sobre la mesa.

Ella sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

En la fotografía aparecía una joven de poco más de veinte años.

Vestía el uniforme de limpieza de una fábrica.

Sonreía mientras sostenía un paraguas bajo la lluvia.

Era ella.

Mucho antes de casarse.

Mucho antes de convertirse en madre.

Mucho antes de perderlo todo.

—¿De dónde sacaste esa foto?

La voz le temblaba.

Él acarició la imagen con los dedos.

—Ese día trabajabas frente a la empresa donde yo hacía mis prácticas.

—Llovía muchísimo.

—Me prestaste tu paraguas sin conocerme.

Ella comenzó a recordar.

Un muchacho tímido que había olvidado el suyo.

Un gesto insignificante para ella.

Pero no para él.

—Desde ese día prometí que, si algún día volvía a encontrarte, jamás te dejaría marchar.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de la mujer.

—Pero yo me casé.

—Después enviudé.

—Y terminé limpiando esta casa para sobrevivir.

Él dio un paso más.

—Yo también te busqué durante años.

Sacó una pequeña caja de madera.

Dentro había decenas de fotografías.

Recortes de periódicos.

Notas.

Direcciones.

Cada una correspondía a lugares donde había intentado encontrarla.

Ella cubrió su boca con ambas manos.

Nunca imaginó que alguien hubiera pasado media vida buscándola.

En ese instante, la puerta principal se abrió de golpe.

Un joven de unos treinta años entró apresuradamente.

Al ver la escena, quedó completamente paralizado.

Miró al hombre.

Después a la mujer.

Y finalmente dejó caer un viejo expediente sobre el suelo.

—Papá… acabo de descubrir por qué ella me resulta tan familiar.

Los dos giraron al mismo tiempo.

El expediente se abrió al caer.

En la primera página aparecía un certificado de nacimiento con un nombre que ninguno esperaba volver a leer.

La madre biológica del joven era la mujer que estaba frente a ellos.

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