El silencio se apoderó de la oficina.
Sofía observaba el pequeño dispositivo de grabación como si fuera una sentencia.
Comprendió que ya no tenía escapatoria.
—Apaga eso.
Su voz apenas era un susurro.
Santiago negó lentamente con la cabeza.
—Tuviste tres oportunidades para decir la verdad.
Guardó el dispositivo en el bolsillo de su saco.
—Elegiste mentir las tres veces.
Sofía respiró profundamente.
—Si esto llega al comité, mi carrera habrá terminado.
Santiago la miró fijamente.
—¿Y la mía? ¿Pensaste en todo lo que habría perdido si te daban el ascenso gracias a mi trabajo?
Ella bajó la mirada.
Por primera vez no encontró ninguna excusa.
En ese instante, el ascensor anunció la llegada de alguien.
Las puertas se abrieron.

Era el director general.
Había olvidado unos documentos y regresó inesperadamente a la oficina.
Al verlos frente a frente, frunció el ceño.
—¿Qué ocurre aquí?
Antes de que Sofía pudiera responder, Santiago colocó sobre la mesa dos carpetas idénticas.
—Solo necesito cinco minutos.
Abrió el primer informe.
—Este es el documento que entregó Sofía.
Después mostró el segundo.
—Y este es el original, registrado en el servidor hace cuatro días.
El director comparó ambos archivos.
Las páginas eran prácticamente iguales.
Solo cambiaban tres cifras.
Santiago abrió entonces el historial del sistema.
En la pantalla aparecieron la fecha, la hora y el usuario que descargó el archivo original.
El nombre era inconfundible.
SOFÍA RIVAS.
La oficina quedó completamente en silencio.
Ella sintió que las piernas dejaban de sostenerla.
—Yo… solo quería demostrar que podía hacerlo.
El director respiró lentamente.
—¿Por eso robaste el trabajo de tu compañero?
Sofía rompió a llorar.
—Llevo años intentando que alguien reconozca mi esfuerzo. Nadie me veía.
Santiago respondió con calma.
—Todos empezamos desde abajo.
Hacer trampas nunca convierte el trabajo ajeno en talento propio.
El director cerró las carpetas.
—A partir de este momento quedas suspendida mientras Recursos Humanos concluye la investigación.
Sofía cerró los ojos.
Sabía que aquel era el final.
Pero cuando estaba a punto de abandonar la oficina, el sistema informático emitió una alerta automática.
Una nueva sesión acababa de iniciarse desde la cuenta del director.
Todos giraron hacia la pantalla.
El historial mostraba que, apenas una hora antes, alguien había descargado decenas de proyectos confidenciales de distintos departamentos.
El director frunció el ceño.
—Eso es imposible.
Santiago revisó rápidamente los registros.
Su expresión cambió por completo.
—No… la persona que robó mi informe no era quien realmente buscábamos.
Señaló la última línea del registro.
La descarga se había realizado utilizando las credenciales del director…
…pero desde el despacho del vicepresidente de la empresa.