PARTE 2: LA EXPLOSIÓN REVELÓ LA VERDAD

PARTE 2

La explosión sacudió todo el túnel.

Una ola de fuego obligó a Juan a cubrir con su cuerpo a su esposa mientras ambos caían al suelo.

El estruendo hizo temblar las paredes de hormigón.

Durante unos segundos, nadie pudo escuchar nada.

Solo el zumbido ensordecedor que quedaba después del impacto.

—¡Mamá!

Juan intentó levantarse de inmediato.

El humo era tan espeso que apenas podía distinguir el camino por el que había venido.

Entonces volvió a escuchar aquella voz.

—No te muevas.

No era la voz de su madre.

Ni la de su esposa.

Era la de un hombre desconocido.

Entre la nube de polvo apareció un rescatista con casco y equipo de respiración.

Llevaba una cámara corporal encendida sobre el pecho.

—La salida izquierda ha colapsado por completo. Si hubieras ido primero hacia allí, ahora estarías muerto.

Juan quedó paralizado.

Giró la cabeza hacia el lugar donde había dejado a su madre.

Para su sorpresa, ella ya no estaba sola.

Otro equipo de bomberos acababa de llegar por un conducto de emergencia que nadie había visto.

Dos rescatistas levantaban cuidadosamente la pesada viga que atrapaba su pierna.

En pocos segundos lograron liberarla.

La mujer comenzó a llorar de alivio.

Juan sintió que el aire volvía a sus pulmones.

Había creído que debía elegir entre las dos personas más importantes de su vida.

Pero el destino había preparado otro desenlace.

Sin embargo, la tranquilidad duró apenas un instante.

Uno de los bomberos observó el lugar donde se había originado la explosión.

Frunció el ceño.

—Esto no fue un accidente.

Todos lo miraron.

El hombre recogió del suelo un pequeño dispositivo metálico chamuscado.

Era un temporizador conectado a restos de explosivos industriales.

—Alguien preparó esta explosión con antelación.

El silencio volvió a apoderarse del túnel.

La madre de Juan abrió los ojos con incredulidad.

Su esposa dejó de llorar.

Juan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Si aquello había sido planeado, entonces alguien había querido que ninguno de ellos saliera con vida.

En ese momento, un policía se acercó corriendo con un teléfono móvil encontrado entre los escombros.

—¿Quién es el señor Juan Herrera?

—Soy yo.

El agente le mostró la pantalla.

Había un único mensaje recibido apenas cinco minutos antes de la explosión.

“Elegiste salvar a tu esposa exactamente como sabíamos que harías.”

Juan sintió que la sangre se congelaba.

Levantó lentamente la vista.

Al otro lado del túnel, detrás de las cintas de seguridad y entre la multitud de curiosos, un hombre vestido completamente de negro los observaba inmóvil.

Cuando sus miradas se cruzaron, aquel desconocido sonrió levemente.

Después desapareció entre la gente como si jamás hubiera estado allí.

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