PARTE 2: LA CUEVA BAJO LA NIEVE.

Seguí al perro sin pensarlo dos veces.

La tormenta borraba nuestras huellas apenas unos segundos después de cada paso.

El animal avanzaba con decisión, como si conociera aquel camino desde hacía años.

Después de casi una hora de ascenso, se detuvo frente a una enorme roca cubierta de hielo.

Comenzó a escarbar desesperadamente.

Me acerqué y descubrí una estrecha entrada oculta bajo la nieve.

Encendí mi linterna.

Dentro había una pequeña cueva.

En una esquina encontré una vieja mochila de montaña completamente cubierta de polvo.

El corazón empezó a latirme con fuerza.

Reconocí de inmediato las iniciales bordadas en la tela.

E.M.

Eran las mismas iniciales de mi madre.

Con manos temblorosas abrí la mochila.

Había fotografías familiares, un diario casi destruido por la humedad y un colgante idéntico al que el perro me había llevado el día anterior.

Pero lo que realmente me dejó sin aliento fue la última página del cuaderno.

“Si alguien encuentra esto, significa que mi hijo ha regresado. Nunca desaparecí por voluntad propia.”

Sentí que las piernas dejaban de sostenerme.

Mi madre había estado allí.

Y había querido dejarme un mensaje.

En ese momento el perro comenzó a ladrar con insistencia hacia el fondo de la cueva.

Iluminé la oscuridad.

Encontré una pesada puerta metálica medio enterrada en la roca.

Tenía marcas recientes.

Alguien había estado entrando y saliendo de aquel lugar.

Antes de que pudiera acercarme, escuché un ruido detrás de mí.

La entrada de la cueva quedó bloqueada por varias siluetas.

Cinco hombres con ropa de montaña sostenían linternas y escopetas.

El que parecía el líder sonrió lentamente.

—Sabíamos que el perro terminaría encontrándote.

Miré al animal.

Lejos de asustarse, se colocó delante de mí mostrando los dientes.

El hombre soltó una carcajada.

—Ese perro pertenecía a tu madre. Nunca dejó de buscarte.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Dónde está ella?

El desconocido dejó caer una pequeña llave de hierro sobre el suelo.

—Si quieres conocer la verdad, abre esa puerta.

Pero recuerda una cosa…

Señaló el enorme portón metálico del fondo de la cueva.

—Lo que encontrarás al otro lado cambiará para siempre todo lo que crees sobre la desaparición de tu familia.

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