El teléfono cayó de las manos de Alejandro.
Su rostro perdió todo el color mientras escuchaba los gritos del abogado.
—¡Señor! ¡Todos los bancos han suspendido las líneas de crédito!
El enorme salón quedó completamente en silencio.
Alejandro levantó lentamente la mirada hacia la puerta que Victoria acababa de cruzar.
Por primera vez en muchos años sintió miedo.
—¿Qué demonios hizo esa mujer?
El mayordomo respiró profundamente.
Durante cinco años había esperado aquel momento.
—Señor… la señora Victoria nunca necesitó esta familia para vivir.
Alejandro giró bruscamente.
—¿Qué acabas de decir?
El anciano levantó la cabeza.
—La carpeta azul contiene las pruebas del fraude que su padre ocultó hace veinte años.
Las palabras cayeron como un rayo.
Alejandro retrocedió dos pasos.

—Eso es imposible.
El abogado seguía hablando desesperadamente por el teléfono.
—La fiscalía ya recibió toda la documentación.
—Los inversionistas están retirando su dinero.
—Las acciones siguen desplomándose.
Alejandro sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Mientras tanto, el automóvil blindado avanzaba bajo la intensa lluvia.
Victoria permanecía en silencio mirando la mansión por la ventana.
El chofer habló con respeto.
—Señorita, el consejo directivo ya está reunido.
Ella asintió lentamente.
—Es hora de terminar con esta mentira.
Minutos después, el vehículo entró en un moderno edificio de cristal.
Decenas de ejecutivos esperaban formando dos filas perfectas.
Cuando Victoria descendió del automóvil, todos inclinaron la cabeza.
—Bienvenida, presidenta.
Ella caminó sin detenerse.
Su expresión era completamente distinta a la de la esposa humillada que acababa de abandonar la mansión.
En la sala principal, una enorme pantalla mostró el logotipo del Grupo Valmont.
Victoria ocupó la silla central.
—Comencemos.
Uno de los directores entregó un informe.
—La adquisición de las acciones de la familia Salazar ya está completada.
Otro ejecutivo añadió:
—También hemos bloqueado todas sus cuentas internacionales.
Victoria cerró lentamente la carpeta azul.
—No quiero destruirlos únicamente por negocios.
Todos levantaron la vista.
—Quiero que respondan por la muerte de mis padres.
El silencio fue absoluto.
Entonces otro director dejó un sobre amarillo sobre la mesa.
—Presidenta… encontramos al hombre que hace veinte años escondió al verdadero responsable del accidente.
Victoria abrió el sobre.
Al ver la primera fotografía, su respiración se detuvo.
Porque el hombre que aparecía abrazando a su padre la noche del crimen… era el propio padre de Alejandro.