El señor Bo permaneció en la fila junto a los demás padres sin apartar la vista del pequeño.
Cada paso del niño le recordaba demasiado a sí mismo cuando era un niño.
Ella respiró profundamente para contener la rabia.
—No tienes ningún derecho a estar aquí.
Él la miró con los ojos llenos de arrepentimiento.
—Quizá no lo merezca.
—Pero déjame participar al menos una vez.
Antes de que ella pudiera responder, la directora se acercó con evidente preocupación.
—Señora, el niño necesita un adulto para la competencia.
El pequeño bajó la cabeza.
Miró a los demás niños corriendo junto a sus padres.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
El señor Bo dio un paso al frente.
—Yo puedo hacerlo.
Ella negó inmediatamente.
—No.
El ambiente volvió a tensarse.
En ese momento apareció una elegante mujer acompañada por varios abogados.
Al verla, el rostro del señor Bo cambió por completo.
—Madre… ¿qué hace usted aquí?
La anciana caminó directamente hacia la madre del niño.
Sacó un sobre blanco de su bolso.
—Cinco años atrás te ofrecimos dinero para que desaparecieras.
—Veo que nunca entendiste el mensaje.
Todos los padres comenzaron a murmurar.

La mujer sostuvo la mano de su hijo con más fuerza.
—No vine por dinero.
—Solo vine para que mi hijo estudiara tranquilo.
La anciana sonrió con desprecio.
—Entonces mostraré la verdad delante de todos.
Abrió lentamente el sobre.
Dentro había una prueba de ADN.
El señor Bo abrió los ojos con incredulidad.
Nunca había visto aquel documento.
La anciana levantó la hoja para que todos pudieran verla.
—Este niño no pertenece a nuestra familia.
El silencio se apoderó del patio.
Pero uno de los abogados frunció el ceño apenas observó el informe.
Pidió revisar el documento.
Tras unos segundos, levantó lentamente la vista.
—Este resultado fue alterado.
Todos quedaron inmóviles.
El abogado señaló la fecha del laboratorio.
—El código de verificación pertenece a otro paciente.
El rostro de la anciana perdió todo el color.
El señor Bo sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién hizo esto?
El abogado cerró lentamente la carpeta.
—La única persona que solicitó modificar este informe…
Miró directamente a la madre del señor Bo.
—Fue usted.
El patio entero quedó en absoluto silencio.
Pero antes de que alguien pudiera reaccionar, un automóvil oficial se detuvo frente al colegio.
Del vehículo descendió un hombre mayor.
Al verlo, la anciana comenzó a temblar.
Era la única persona que conocía toda la verdad sobre la noche en que el niño nació.
Lee la Parte 3 abajo.